Tanzania es el mejor país del mundo para ver animales africanos en libertad, de hecho en el cráter de Ngorongoro es el único lugar de África donde se pueden ver a la vez elefantes, rinocerontes, leones, búfalos y leopardos. Se suele decir que Kenia está más preparado para el turismo (no es verdad) pero Tanzania es más auténtico. Hay menos turistas, menos safaris organizados, menos refugios, espacios salvajes más grandes y más animales. Es posible que los precios sean ligeramente superiores en Tanzania que en Kenia, pero vale mucho la pena el pequeño esfuerzo un Safari Tanzania.
Empecemos por el principio:
Índice
¿Qué puedes esperar de un safari en Tanzania?
Esta palabra universal que hace volar la imaginación significa «viaje» en suajili. Los safaris de los grandes cazadores se han democratizado desde los tiempos de Livingstone y sus columnas de porteadores. Hay ofertas para todo tipo de personas: fotógrafos, excursionistas, submarinistas… y para todos los bolsillos, o casi todos, lo que no ocurre en la mayoría del resto de los países africanos.
Equipo para realizar un safari en Tanzania
Equipaje
Los medios de transporte empleados limitan el peso o el tamaño del equipaje. No se aceptan más de 10 kg por persona. Llevad una bolsa. A veces no aceptan maletas.
Bolsas de plástico
El polvo se mete por todas partes, en las maletas y las cámaras de fotos. Un único remedio: las bolsas de plástico (los estetas escogerán plástico de color verde).
Ropa
Llevad ropa cómoda y práctica. Lo mejor son las prendas de colores discretos de algodón lavable. Para las salidas matinales y las noches, os aconsejamos que no os olvidéis de llevar un jersey, sobre todo en las altiplanicies. Por la noche, en los refugios se exige corrección en el vestir. Los más elegantes todavía intentan imponer el traje y la corbata, pero la mayoría ha desistido.
Calzado
Llevad botas de monte cómodas y no demasiado calurosas.
Cosas útiles
Una linterna para llegar hasta la cabaña o la tienda, un sombrero, crema y gafas de sol, una mochila pequeña, un saco de dormir y un impermeable en la estación de las lluvias.
Observación de animales en libertad en Tanzania
Los animales no aparecen simplemente porque uno tenga la voluntad de verlos, aunque se puede ser optimista sobre las posibilidades de verlos si se conocen las indicaciones generales.
Horarios
Los mejores momentos del día para ver animales son el amanecer y el anochecer. Durante el día, los animales duermen o descansan a la sombra. Es inútil programar un safari para las horas más calurosas del día. Por lo general, se hace una salida a primera hora de la mañana y otra a última hora de la tarde. Los puntos de agua situados frente a los refugios atraen a muchos animales al final del día y, a veces, durante el día en la estación seca. Para ver depredadores, como leopardos o leones, a veces hay que esperar hasta las tres de la mañana.
Rangers
Los rangers (guardas del TANAPA o Tanzania National Parks Authority) conocen perfectamente el parque al que están asignados. Según la hora y la estación, sabrán indicar dónde es posible observar la fauna más discreta. Sus servicios se pueden contratar llamando al Warden Office (oficina del parque), en el refugio o directamente a la entrada del parque.
Prismáticos
Ideales para mirar sin ser vistos, para observar a los animales más tímidos y las manadas alejadas. Los prismáticos mejor adaptados a los safaris son los pequeños y compactos, que caben en el bolsillo de la chaqueta. El enfoque debe ser sencillo (una sola rueda). Hay que poder «desenfundar» y enfocar con rapidez. Un aumento de entre ocho y diez es suficiente. Con más aumento suele ser difícil mantener al animal en el campo de visión. Resistentes, tienen que aguantar el caos de las pistas. Por último, apreciaréis que la óptica sea luminosa y precisa para observar en condiciones de luz difíciles.
Discreción
Llevad ropa de colores discretos. Evitad los ruidos molestos, como la radio. Acercaos a los animales contra el viento dominante para que no os detecten con su fino olfato.
¿Cuánto tiempo se tarda en hacer un safari en Tanzania?
Un safari en el lago Manyara, en el cráter Ngorongoro y en el parque de Serengeti dura como mínimo tres noches y cuatro días. Si además queréis visitar el parque de Tarangire, son seis días y cinco noches. Lo ideal es dedicar una semana. La duración depende de lo que podáis gastaros y del interés que tengáis por la vida salvaje.
Hay tres modalidades de hacer un safari:
- Safari-camión: son los safaris más baratos. Para trotamundos mochileros. Hay operadores turísticos especializados en esta clase de safaris. Los pasajeros viajan en la caja de unos camiones grandes (ni minibuses ni todoterrenos). Por la noche se montan las tiendas y por la mañana se desmontan, excepto cuando la expedición permanece más de un día en el mismo sitio (en los parques hay lugares de acampada preparados al efecto).
- Safari-acampada: los hacen operadores turísticos.
- Safari-refugio: un safari completo organizado por un operador turístico.
Cosas que ver en un Safari en Tanzania
PARQUE NACIONAL DE ARUSHA (ARUSHA NATIONAL PARK)
Situado a 25 km al noreste de Arusha y a 58 km de Moshi, el Parque Nacional de Arusha es relativamente pequeño (137 km²) y alberga muchos menos animales que los demás parques de Tanzania. Está constituido por tres zonas distintas: el pequeño cráter de Ngurdoto, con sus bordes abruptos; la zona de Momella, con sus lagos de agua salada en las colinas; y el monte Meru, antiguo volcán extinguido cuyo cráter está rodeado de valles boscosos. La altitud media del parque oscila entre 1.500 m en Momella y 4.500 m en la cumbre del monte Meru.
El parque está rodeado de campos cultivados y plantaciones. Desde las alturas se ven las granjas y las tierras de labranza, y hacia el sur y el sureste un pinar de varios kilómetros. Las laderas del Meru también están cubiertas de bosque. En realidad, el parque es más interesante por sus parajes y paisajes que por su fauna. Por eso recibe menos visitantes que otros.
Consejos
El parque de Arusha es ideal para un safari de un día partiendo de Arusha. Aconsejamos visitar el cráter de Ngurdoto por la mañana, descubrir el resto del parque por la tarde y terminar a última hora en los alrededores del monte Meru. Como en los demás parques, se necesita un vehículo todoterreno para circular por las pistas. Al no haber leones, los guías permiten que los visitantes bajen de vez en cuando de los vehículos sin alejarse demasiado. Hay muchos miradores y parajes muy acogedores para comer. Está prohibido bajar al fondo del cráter de Ngurdoto. La ascensión al monte Meru se hace con un guía armado, a causa de los búfalos. La mejor época para visitar el parque es de octubre a febrero y, sobre todo, entre diciembre y febrero. Durante este período cesan las lluvias y el cielo está despejado. Las cumbres se ven con claridad. Durante la estación seca, el aire está mucho más cargado y la calima dificulta la visibilidad.
Animales africanos que ver en un safari
Jirafas masái, elefantes (no muchos), hipopótamos y búfalos. También se pueden ver guerezas (Colobus), unos monos de cola peluda, babuinos y cercopitecos azules. Algunas especies de antílopes. Facóqueros en las laderas del Meru. No se ven leones, rinocerontes ni ñúes.
Aves
En las orillas de los lagos de Momella y los bosques de los alrededores viven unas cuarenta especies de aves. Flamencos enanos, flamencos rosas (más grandes pero menos rosas), pelícanos, patos, gansos, zancudas sedentarias y migrantes, y una variedad de cálaos que se distinguen por un yelmo de color marfil y su voz, que parece una risa diabólica.
¿Qué visitar en un safari en el Parque Nacional de Arusha?
El cráter de Ngurdoto
Se llega hasta aquí por dos pistas que atraviesan una selva tropical habitada por monos. Una de ellas llega a la cresta sur del cráter y la otra a la cresta norte. No se juntan. Por lo tanto, después de la visita hay que desandar lo andado. El cráter se ve desde cualquier punto de los alrededores, de modo que una vez arriba la vista es magnífica. No se puede bajar al interior, está prohibido, como en el Ngorongoro. Este curioso cráter de Ngurdoto mide tres kilómetros de diámetro. En total se han acondicionado siete miradores al borde de las sendas que recorren la cresta por el sur y por el norte. Los últimos son los más interesantes (The Rock y Buffalo Point), porque están más altos. Pero el más elevado de todos es el de Leitong, a 1.850 m (en el norte). En el fondo del cráter viven muchos animales, sobre todo manadas de búfalos.
Los lagos de Momella
Hablamos en plural porque hay varios lagos, agrupados pero separados por lomas cubiertas de hierba. El camino serpentea alrededor de los lagos y sigue los accidentes del relieve. Primero se pasa por el lago Big Momella. Es el mayor de todos. En algunas épocas del año (febrero), las orillas se llenan de flamencos rosas. Los lagos Small Momella, Lekandiro, Tulusia y Rishateni también son dignos de ver. El agua es salobre y las algas, según las especies, le dan distintos tonos de color. Otra originalidad: hay pocos peces. Las aves no beben el agua, pero se alimentan de las algas que encuentran en la superficie. Los flamencos rosas, por su parte, se alimentan de pequeños crustáceos. También se pueden ver muchos patos, ibis sagrados y gansos de Egipto. En las orillas del Small Momella viven unos cuantos hipopótamos.
EL MONTE MERU
Es la segunda cumbre más alta de Tanzania, después del Kilimanjaro. Culmina a 4.565 m y domina el valle de Arusha con su silueta majestuosa. Mientras el Kilimanjaro tiene la cima plana, el Meru es un cono casi perfecto, con un cráter en forma de herradura sobre unas altas y abruptas pendientes. En el interior del cráter se distingue claramente otro pico más pequeño. Se llama Ash Cone y es el resultado de erupciones recientes. A diferencia del cercano Ngurdoto, pequeño volcán extinguido, el Meru es un volcán dormido. La última erupción se produjo a finales del siglo XIX. Se formó hace unos veinte millones de años, al mismo tiempo que el valle del Rift. El cráter es el resultado de una gigantesca explosión. Para los warusha, etnia local, el Meru es una montaña sagrada. Todos los años celebran sacrificios de animales en su honor para que no falte la lluvia.
El primer europeo que vio el volcán fue el explorador alemán Karl von der Decken en 1862. El conde austrohúngaro Teleki von Szek exploró la región en 1876, pero no subió a la cumbre. Luego pasaron por allí Gustav Fischer y el inglés Joseph Thompson (1883). La primera ascensión europea data de 1901 o 1904. En los comienzos del socialismo tanzano, el gobierno llamó al Meru Socialist Peak —«Pico Socialista» o «monte Socialista»—, nombre que nunca se impuso popularmente.
¿Qué se puede hacer en el monte Meru?
Ascensión al monte Meru
El Meru es menos conocido y concurrido por los viajeros que el Kilimanjaro. Pero las condiciones de preparación y entrenamiento, así como los efectos de la altura, son los mismos. Debéis llevar prendas de abrigo, porque en la cumbre a veces hiela por la noche. La ascensión puede hacerse sin esfuerzo en cuatro días y tres noches. La mayoría de los visitantes tardan tres días y dos noches. Si no sois montañeros avezados será mejor que no intentéis hacer la excursión en dos días. En cualquier caso, lo mejor es llevar un guía. Los guías son guardas del Parque Nacional de Arusha. Van armados, por si a un búfalo o un elefante les da por arremeter contra vosotros. Las reservas de guías se hacen con tiempo en la oficina del parque, en la Momella Gate. Por lo general, hay que calcular un dinero extra para su comida, sin olvidar la propina que se les da al final de la excursión. Si no sois un grupo numeroso ni vais muy cargados, no os harán falta porteadores para subir al Meru, a diferencia del Kilimanjaro. Debéis pagar por entrar en el parque (entrance fee), por pasar la noche en el refugio (hut fee), por el guía (services of guide), por la seguridad (rescue fee) y, además, una tasa especial de unos dólares para el parque (Park commission).
Lo más sencillo es pasar por una agencia de Arusha, que se ocupará de todos los trámites y aspectos materiales. Aunque salga un poco más caro, la agencia se encarga de todo: reserva de plazas en los refugios, víveres, guías, tasas…
- Primer día: 10 km, de cuatro a cinco horas de marcha desde el cuartel general del parque de Arusha, pasando por la Momella Gate (puerta de Momella), hasta el refugio de Miríakamba (2.514 m). Durante esta marcha se cruza el río Ngare Nkayuki y se sigue la senda que sube por la ladera del Meru, atravesando unos claros húmedos. Se pasa bajo el arco natural de una vieja higuera, tan grande que cabe un vehículo por él. La ascensión prosigue a través de bosques de enebros y Podocarpus. En los árboles, se pueden ver palomas, papagayos y turacos de Hartlaub. El refugio de Miriakamba consta de dos casas, cada una con cuarenta camas. Hay un rincón para cocinar, pero sin utensilios; también hay aseos y agua corriente.
- Segundo día: 4 km, de dos a tres horas de marcha hasta el refugio de Saddle (Saddle Hut, a 3.600 m), 1.050 m de desnivel. Una variante posible, pero no obligatoria, al salir del refugio de Saddle es subir en hora y media hasta la cima del Little Meru (3.820 m). En el refugio de Saddle hay chimenea, agua (fuente) y aseos. Ojo, las noches son frescas.
- Tercer día: 5 km, de cuatro a cinco horas de marcha. Es la última etapa, entre el refugio de Saddle y la cumbre del Meru, a 4.566 m de altitud. El desnivel es de mil metros. Luego se baja hasta el punto de partida, el refugio de Saddle (5 km, de dos a tres horas).
EL MONTE KILIMANJARO
«Vasta como el mundo, inmensa, alta e increíblemente blanca bajo el sol, era la cumbre cuadrada del Kilimanjaro». Hemingway, Las nieves del Kilimanjaro.
El techo de África culmina a 5.895 m. Es un viejo volcán que no se parece a las otras eminencias conocidas, como el Vesubio o el Fuji Yama. La cima, en vez de ser afilada, es plana. Siempre está nevada, y domina la estepa y los horizontes infinitos de Kenia y Tanzania.
El escritor francés Joseph Kessel la describe como una mesa: «…una fantástica mesa plana y blanca, como un altar levantado para hacer sacrificios a la medida de los mundos». Visto desde un avión, el interior de su cráter parece dibujar un ojo curioso que se entreabre hacia el cielo.
El monte Kilimanjaro, el «Kili» para los viajeros, está formado por tres volcanes extinguidos: el Kibo (5.895 m), el Mawenzi (5.149 m) y el Shira (3.962 m). Montaña sagrada de los masái, fuente de inspiración para los escritores (Kessel, Hemingway), atrae todos los años a una multitud de montañeros, que siempre se sorprenden de sentir tanto frío tan cerca del ecuador.
¡Cuidado con las imprudencias! Subir a la cima de este monstruo no es un paseo dominical. Se tardan cinco días y seis noches en llegar a la cumbre. La recompensa, una vista magnífica, no es gratuita: hay que pagar un precio: mal de montaña frecuente, ampollas en los pies, frío, insomnio. El «Kili» cuesta lo suyo. Desde 1977, el Parque Nacional del Kilimanjaro protege 756 km² desde los 2.700 m, para preservar su ecosistema frágil. Actualmente, se exige permiso y guía obligatorio, y se limita el número de ascensionistas por día para reducir el impacto ambiental.
PARQUE NACIONAL DE TARANGIRE
Más pequeño, menos conocido y visitado que la región protegida de Ngorongoro o el parque de Serengeti, el parque de Tarangire conserva intacta su autenticidad y belleza. De mediano tamaño comparado con sus ilustres vecinos, tiene una extensión de 2.600 km² y una altitud de 1.100 m. Los pastores nómadas masái vivieron aquí hasta la fundación del parque en 1970. Era su territorio, su jardín del Edén, desde tiempos inmemoriales. Luego se creó el parque y el gobierno los expulsó de sus tierras por considerarles un obstáculo para la protección de la vida salvaje. Hoy, Tarangire está abierto a los safaris. En su interior no hay ningún poblado.
Se trata de una región de suaves ondulaciones y extensas vistas, donde los baobabs son frecuentes. En el sur aparecen pantanos estacionales conocidos como mbunga. El paisaje carece de volcanes, picos nevados o accidentes geográficos que resalten.
Un río, el Tarangire, que da nombre al parque, atraviesa estas grandes extensiones y durante la estación seca (de julio a noviembre) da de beber a muchos animales sedientos: cebras, búfalos, elefantes, jirafas, elands del Cabo, búbalos de Coke, impalas, facóqueros y dik-diks. También acuden los grandes depredadores (leones, panteras y guepardos), pero son mucho menos numerosos que en otras partes. Aunque se dice que ha disminuido, la caza furtiva sigue existiendo y haciendo estragos. Hay dos clases de cazadores furtivos, los que matan animales para comer y los que comercian con el marfil de los elefantes y los cuernos de los rinocerontes.
El ciclo de la vida salvaje
La mejor época para visitar el parque es de agosto a octubre. Durante los meses de sequía, el parque sirve de refugio estacional a muchos animales que se desplazan libremente, al ritmo de las estaciones, por un vasto ecosistema que llega, por el norte, hasta el lago Natron y las estepas de Kenia. En marzo, cuando llegan las lluvias, los animales marchan hacia el norte. Las moscas tsetsé, frecuentes en la zona, desaparecen con los primeros chaparrones. En abril y mayo aún llueve y la vegetación es muy verde. Cuando cesan las lluvias, en junio y julio, los elands y los órix emprenden el regreso al Tarangire. Luego van llegando los elefantes (junio) y las cebras. De agosto a octubre la vida salvaje llega a su apogeo y las orillas del río Tarangire se llenan de multitud de animales. Este ciclo migratorio anual incluye al vecino parque del Serengeti, donde los ñúes son numerosísimos. Según los especialistas de la conservación, la proliferación de aldeas y granjas en las inmediaciones del parque suponen una amenaza para la migración anual de los animales.
¿Cómo llegar al parque de Tarangire?
El parque se encuentra a unos 120 km al suroeste de Arusha por carretera (asfaltada). Se sale de Arusha en dirección a Dodoma. En Makuyuni, una desviación a la derecha lleva a los parques del Serengeti y Ngorongoro. Siguiendo por la izquierda, la carretera se dirige hasta Dodoma y el parque de Tarangire.
Fauna y flora del parque de Tarangire
El licaón
En inglés, hunting dog o wild dog. Se le creía extinguido en el parque de Tarangire, pero este perro salvaje ha vuelto después de una larga ausencia. En agosto de 1997, unos visitantes lo vieron en el campamento de Swala.
El baobab
Es un árbol muy curioso. Un tronco grueso como una botella y la copa formada por un mechón de ramas retorcidas y en desorden. El hombre apenas aprovecha el baobab, aunque las hojas tiernas son comestibles. Algunos hechiceros escondían en él sus secretos, por lo que este árbol aún inspira respeto y temor en África. Los baobabs que veréis estarán muy estropeados por los elefantes. Cuando los paquidermos tienen hambre arañan el tronco con sus colmillos para levantar la corteza y comérsela. Algunos mueren con el estómago atascado por estas fibras demasiado rígidas. Si escarban más en el tronco, pueden perforar la corteza y acceder al agua almacenada en el «vientre» del baobab.
Además de los majestuosos baobabs, se pueden ver las acacias talhas y las acacias tortilis. Junto a estos árboles se reúnen las jirafas, los impalas, los antílopes cobo y los búbalos. Los saltarrocas y los damanes se pueden observar en los roquedos del centro del parque. Los pequeños cudúes y los cobos van al encuentro de las acacias commiphora, mientras que las gacelas de Grant brincan alrededor de las acacias drepanolobium.
Las termitas
El paisaje del parque de Tarangire está salpicado de termiteros, aislados o apoyados en los troncos de los baobabs. Cuesta trabajo imaginar que estos extraños montículos de tierra, esculturas de cine surrealista, han sido construidos por unos animales tan pequeños. ¿Cuál es el secreto de las termitas? Su sentido de la organización. Viven en la oscuridad, en colonias, a veces de varios millones en un solo termitero. Su sociedad, dividida en castas, se basa en la autoridad de una reina cuyo enorme abdomen puede tener 20 cm de largo. Su vida se limita a reinar en una cámara especial, al fondo de un laberinto de galerías. No trabaja y lo único que hace es poner huevos, unos 10.000 diarios. Las termitas desconocen la angustia del descenso demográfico. El único macho autorizado a tener relaciones sexuales con la reina es el rey. La reina única está rodeada de termitas soldado, que vigilan el termitero y guardan su entrada. Su alimentación corre a cargo de las termitas obreras. Estas trajinan sin descanso para construir sus palacios fortificados, de los que no salen nunca, excepto en la estación de las lluvias, cuando podréis verlas fuera de los termiteros en busca de lugares para establecer nuevas colonias.
Los pitones
Por desgracia, cada vez son más escasos. Ante todo debéis saber que estas serpientes viven en zonas húmedas y rocosas. No obstante, tened cuidado. Es un animal extraño: de tres a cuatro metros de largo en el ejemplar adulto, con una curiosa y pesada en lo alto de la cabeza y mandíbulas capaces de abrirse 130 grados (30 grados en el hombre). Los pitones salen de los pantanos cuando baja el nivel del agua y se refugian en las acacias, arrollándose en sus ramas. Sus presas favoritas son las crías de antílope o gacela que abrevan, así como los roedores, las liebres, los monos y las crías de facóquero. Contrariamente a algunas creencias, los pitones no tienen veneno y matan ahogando a sus víctimas. Se dejan caer desde el árbol sobre sus presas y en un santiamén las rodean y las ahogan. Luego las engullen enteras, empezando por la cabeza. Un pitón de seis metros puede tragarse sin dificultad una presa de cincuenta kilos. No obstante, los cuernos de las gacelas y las púas de los puercos espines pueden perforar su piel. Para evitarlo, los jugos digestivos de este reptil son muy fuertes y digieren con rapidez estas formaciones.
Excepción: de este bípedo, poco tiene que temer de las demás criaturas de la sabana. A veces un leopardo hambriento o amenazado puede atacar un pitón para defenderse. Del mismo modo, el facóquero, si ve que sus crías están en peligro, también carga con temeridad contra este reptil.
PARQUE NACIONAL DEL LAGO MANYARA
¡Por fin, mucha agua! El paraje es excepcional: se trata de un enorme valle (el valle del Rift) cuyo fondo plano está ocupado en parte por un gran lago y una mancha de selva tropical (solo en la zona noroeste). El lago se extiende unos cuarenta kilómetros de norte a sur y quince de este a oeste. Parece inmenso, bajo el tórrido cielo de África. En la estación seca, el nivel del agua disminuye. Entonces las orillas del lago se retiran, dejando muchas zonas pantanosas y húmedas, donde acuden los animales a beber.
En la zona oeste, el valle del Rift está limitado por un alto farallón rocoso, que destaca mucho, formando una cornisa irregular sobre el lago. Estos flancos abruptos revelan que aquí hay una falla. Hace muchísimo tiempo (de dos a tres millones de años), la corteza terrestre se hundió y se formó el valle del Rift más o menos en el mismo estado en que se encuentra actualmente.
En lengua masái manyara significa «lugar donde se encuentran dos seres». Según otros autores, la palabra deriva del término emanyara, nombre de una planta utilizada por los masái para construir la empalizada que rodea sus aldeas. En el lago Manyara suelen pernoctar los safaris que parten de Arusha en dirección al Serengeti y el Ngorongoro. En un día, e incluso en medio día, se puede hacer una visita al parque.
Un poco de historia del Parque Nacional de Manyara
El Parque Nacional de Manyara se creó en 1960. El tiempo transcurrido desde entonces no es nada comparado con la larga historia de África. Estos parajes se remontan a la noche de los tiempos. El lago surgió hace dos o tres millones de años, cuando se formó (hundiéndose) el valle del Rift.
¡Salvad los elefantes!
En la década de 1970, el investigador escocés Iain Douglas-Hamilton vivió cuatro años a orillas del lago Manyara estudiando y censando la población de elefantes. Regresó al mismo lugar al cabo de diez años y comprobó que faltaban miles de elefantes. Una verdadera hecatombe. Víctimas de los cazadores furtivos, los que cazan y los matan por sus valiosos colmillos de marfil, los elefantes del lago Manyara, cada vez más escasos, forman una población de «supervivientes» de la vida salvaje. Razón de más para comprenderlos y protegerlos.
¿Qué visitar en el Parque Nacional de Manyara?
La zona noroeste del lago Manyara
En la entrada del parque la pista se convierte en una galería verde que atraviesa la selva tropical. De los altos despeñaderos del Rift bajan arroyos de aguas cristalinas. Es un remanso de frescura rodeado de tierras áridas. Gracias a la presencia de agua, todo reverdece. Se penetra en un pequeño jardín del Edén. Al pie del precipicio crecen higueras, crotones, caobas, árboles de salchichas, palmeras y tarayes, formando un bosque poblado de animales. Abundan los babuinos y también podréis ver monos verdes y cercopitecos azules (menos numerosos). Cuidado con los babuinos: a veces son agresivos y su mordedura puede ser muy grave.
La sabana
A la salida de esta pequeña selva, la pista se divide en varias pistas secundarias, que a veces se entrecruzan. Todas acaban desembocando en la pista principal, paralela al farallón del Rift. Entramos en la sabana africana. Salpicada de grupos de árboles, palmeras, acacias, sicómoros… Aquí viven manadas de cebras. Las jirafas comen las hojas de los árboles espinosos sin pincharse (parece imposible). En las ramas se posan los cálaos.
Las aves
Los ornitólogos han censado más de 350 especies de aves en este parque. De noviembre a abril, las aves migratorias hacen un alto en esta zona. Para los ornitólogos aficionados es la época ideal de observación. La mayoría de las aves se alimentan en los alrededores del lago, beben el agua dulce de los ríos y riachuelos que bajan de los peñascos, pero no la del lago Manyara. Se pueden ver cormoranes. Junto al estanque de los hipopótamos hay grullas reales, ibis sagrados, pelícanos y, por supuesto, flamencos rosas (pero no tan numerosos como en el parque de Arusha).
Los mamíferos
Menos abundantes que las aves. Cebras, jirafas, ñúes (una manada pequeña, comparada con la del parque de Serengeti), antílopes, elefantes (en vías de extinción) y también leones, que en la mayoría de los folletos turísticos aparecen en las ramas de las acacias. Durante nuestra última visita no vimos un solo león en las ramas. Ni tampoco por el suelo. Aviso a los viajeros. En realidad, son muy difíciles de ver. No hay rinocerontes. Los últimos fueron abatidos por los cazadores furtivos en la década de 1970.
El estanque de los hipopótamos o «Hippo Pool»
Uno de nuestros mejores recuerdos del parque. Aquí viven muchas familias de hipopótamos. Pasan el día metidos en el agua, de la que solo asoman sus grandes ojos saltones, sus orejas y sus ollares. Siempre están rodeados de pájaros: gansos de Gambia y gansos de Egipto, entre otros. Por la noche, salen de su bañera natural, suben a la orilla y recorren kilómetros por la sabana en busca de comida. En la estación seca pueden desplazarse 10 km para alimentarse. Son vegetarianos, comen hierba. Consumen hasta 100 kg diarios.
Entre el Endabash y Maji Moto
Es el tramo sur de la pista, el más salvaje y menos visitado. Hermosas vistas del lago. Manadas de ñúes y cebras vagan en busca de agua y comida. Es en esta zona donde se pueden encontrar los leones subidos a los árboles. Hay manantiales calientes (hot springs) entre el camino y la orilla del lago. El agua caliente brota de las rocas del Rift y contiene azufre.
Excursiones desde Mto Wa Mbu
Descubrir la vida rural, fuera de los caminos trillados
Unos 6 km antes de la entrada al Parque del Lago Manyara, Mto Wa Mbu es un pueblo grande que se encuentra al pie del despeñadero occidental del valle del Rift. Su nombre significa «el río de los mosquitos». Hasta finales de los cincuenta, era un rincón árido y poco habitado. Gracias al regadío y a la llegada de emigrantes en busca de fortuna, esta comarca se convirtió en un oasis de verdor y un conglomerado de distintas etnias (caso único en Tanzania). Hay agua y sol en abundancia, y crece de todo: frutales, plátanos, girasoles, hortalizas. En los alrededores se extienden varios arrozales. Para conocer mejor la actividad de esta región fértil, el SNV (una organización holandesa de ayuda al desarrollo) y el TBB Information Centre de Arusha (Boma Road, 33-02) organizan excursiones a pie. Información y reservas en el Red Banana Restaurant, en el centro de Mto Wa Mbu. Los que acampen en el Twiga Campsite también encontrarán allí la información necesaria. Los guías son vecinos de Mto Wa Mbu y tienen estudios secundarios obligatorios. Están acreditados por la organización. Conocen y aman estos parajes, y saben dar las explicaciones adecuadas a los visitantes. Son, por tanto, una garantía de seriedad para vosotros.
- Un «Mto Wa Mbu Farming Tour» (medio día) incluye una visita a una familia chagga que fabrica cerveza de plátano, otra a un granjero que produce aceite y otra a una granja experimental donde se cultivan semillas de girasol.
- El «Papyrus Lake Tour» consiste en caminar por el norte de Mto Wa Mbu hasta las cascadas de Miwaleni (Miwaleni Waterfall). Por el camino se ven arrozales, se visita a una familia sandawe que fabrica arcos y flechas, y a una familia rangi que fabrica cestas con material procedente del cercano lago Papyrus.
- El «Balaa Hill Tour» incluye un encuentro con productores de plátanos. Los granjeros explican los métodos de riego que se emplean en la zona. La excursión termina en lo alto de Balaa Hill («la colina de la mala suerte»), desde donde se divisa un panorama magnífico del valle del Rift y la vega de Mto Wa Mbu.
Descubrir la Tanzania profunda no solo es interesante, sino que además ayuda a los lugareños a valorar sus actividades y les alienta a perseverar en su esfuerzo de desarrollo. Una buena razón para que os detengáis en Mto Wa Mbu.
ZONA PROTEGIDA DE NGORONGORO (Ngorongoro Conservation Area)
«Octava maravilla del mundo», «paraíso terrenal», «caldera mágica», «templo del estetismo», «jardín del Edén», «donde recalaría el arca de Noé»… Se han dicho un sinfín de cosas sobre este paraje mundialmente famoso e incluido por la Unesco en la lista del Patrimonio de la Humanidad. Los aficionados a los «Expedientes X» añadirán: Ngorongoro, un lugar ideal para el aterrizaje de extraterrestres. ¿Por qué no?
Todas estas definiciones se refieren a un pequeño sector de la zona protegida de Ngorongoro (que antes estuvo unida al Serengeti). Pero este sector, sin duda alguna, es el más bello, el cráter de Ngorongoro. Se trata de un lugar que agota todos los calificativos, porque ninguno, cuando se descubre, parece suficiente. Es una auténtica maravilla, aislada, virgen, a 2.200-2.300 m de altitud (el fondo del cráter está a 1.700 m). Pero su salvaje esplendor ya ha dado la vuelta al mundo a través de películas y reportajes de animales. No esperéis, por tanto, encontraros solos como Adán y Eva el primer día del mundo. El Ngorongoro recibe una gran afluencia de visitantes, cada vez más numerosos. Sin embargo, ante este grandioso espectáculo de la naturaleza y de la vida salvaje uno incluso acaba olvidándose de los humanos y los todoterrenos.
El cráter de Ngorongoro
Lo primero que impresiona es su inmensidad. Mide 19 km de largo por 16 de ancho (265 km²). Una gran ciudad como París cabría de sobra en este enorme agujero natural. En términos científicos es una auténtica caldera, o lo que es lo mismo, un amplio cráter formado por la explosión de la chimenea de un volcán, taponada por la lava. Sus flancos escarpados, cubiertos de bosques en el este y el sureste, más áridos en el norte, nunca se han roto con una falla de cierta envergadura. No hay desfiladeros ni valles para entrar en el cráter. Se tiene que hacer desde arriba, y solo desde arriba. El descenso es muy empinado, con un desnivel de 610 m. Este circo volcánico fuera de lo común es un mundo cerrado, recluido en sí mismo, lo que explica la dificultad que tienen los animales para entrar o salir. Es el cráter completo no inundado más grande del mundo. En la cresta sur la altitud alcanza los 2.286 m, el aire es fresco y ligero, y hace olvidar el bochorno asfixiante de las sabanas.
Microcosmos de África oriental, el interior del cráter presenta varios tipos de paisaje: estepas herbáceas, sabanas con algunos árboles, arroyos, pantanos, lagos, bosquetes y montículos. La parte central, en el fondo del cráter, tiene pastos de excelente calidad, agua, hierba y zonas sombreadas aquí y allá. Es una especie de paraíso terrenal para los animales.
- El río Munge (Munge Stream): nace en el cráter vecino de Olmotí y atraviesa el cráter de Ngorongoro, atrayendo a numerosos animales (en particular, a los leones), que se acercan a beber.
- Las fuentes de Ngoitokitok (Ngoitokitok Springs): al sureste del cráter. Lugar donde los visitantes se detienen a almorzar.
- Gorigor Swamp: extenso pantano formado por el encharcamiento del agua de las fuentes de Ngoitokitok. Es el lugar preferido por los rinocerontes.
- Las ciénagas de Mandusi (Mandusi Swamp): refugio para elefantes, hipopótamos, depredadores, ñúes, cebras y muchas aves.
- El bosque de Leraí (Leraí Forest): en el fondo del cráter hay dos bosques. Este es un maravilloso islote de acacias jóvenes (fever tree, o Acacia xanthophloea) e higueras.
- El lago Magadi (Magadi Lake): magadi significa «sosa» en lengua masái y en suajili. Ocupa la parte central del cráter. El nivel del agua varía con las estaciones. Un oasis de frescor.
Un poco de historia del cráter de Ngorongoro
Hace cuatro millones de años, ya vivían aquí antecesores humanos. Se han hallado huesos de ganado con diez mil años de antigüedad, lo que indica la presencia de pastores nómadas en la zona. Según una teoría, el nombre de Ngorongoro deriva de la palabra masái ilkoro-rongoro, que designaría a un grupo de valientes guerreros datoga, vencidos hacia 1800 por los masái tras una sangrienta batalla en el cráter. Algunos autores sostienen que ilkorongoro es una palabra derivada del ruido de los cencerros que llevaban los masái en el combate para aterrorizar a sus enemigos: «ko-rong-ro, ko-rong-ro…». Según otros, ngorongoro significa «gran agujero» en lengua masái.
Cualquiera sabe… Oscar Baumann fue el primer explorador europeo que descubrió el Ngorongoro, en 1892. En los años treinta del siglo XX, los alemanes controlaban la región. El primer refugio para turistas se construyó en esos años. Los masái ocupaban libremente grandes espacios.
En 1956 se produjo un conflicto entre los masái y las autoridades del parque de Serengeti (al que estaba unido el de Ngorongoro). La idea del responsable de la conservación, el profesor Bernhard Grzimek, era muy simple (¿simplista?): «Un parque nacional tiene que permanecer totalmente salvaje y virgen. Ningún hombre, ni siquiera nativo de estos parajes, debe vivir dentro de sus límites». De modo que, en 1959, se creó la zona protegida de Ngorongoro. Los masái, que trashumaban al fondo del cráter con su ganado pero no vivían allí, fueron expulsados para make it look as natural as possible. Pero los masái siempre habían vivido en contacto con la naturaleza. ¿Era necesario echarlos? Tuvieron que refugiarse en las aldeas de los alrededores.
En septiembre de 1992 se produjo un pequeño cambio político: los masái fueron autorizados a volver al cráter con su ganado, pero se les prohibió practicar la agricultura, al igual que en toda la zona protegida. De todos modos, los masái nunca han sido agricultores, solo ganaderos.
Hoy día la zona de protección abarca una superficie de 8.288 km². El cráter tan solo representa el 3 % de este conjunto. En 1978 la Unesco lo nombró Patrimonio de la Humanidad.
Bernhard Grzimek y su hijo Michael, pioneros en la defensa de la vida salvaje en el Serengeti y el Ngorongoro, marcaron la historia de la región. Su noción de la protección de la naturaleza aún prevalece. En 1959, cuando estaba rodando con su padre la película Serengeti Shall Not Die, Michael se mató en un accidente de avión tras chocar con un buitre. Su padre terminó la película y un libro con el mismo título. En Frankfurt creó la Sociedad Zoológica de Frankfurt. Murió en 1987. Su último deseo fue que le enterraran junto a su hijo. Las tumbas están al borde del camino, no lejos del Crater Lodge. Los Grzimek son los únicos europeos que están enterrados en la zona protegida de Ngorongoro.
¿Cuándo ir al cráter de Ngorongoro?
- Estación seca: de mediados de mayo a finales de noviembre. Poco después del fin de la estación de lluvias, en junio, es la época ideal, porque todo está verde y florido. Además, al comienzo de la estación seca puede hacer frío, lo que resulta sorprendente.
- Estación de las lluvias: de últimos de noviembre a mediados de mayo. En abril y mayo los caminos están muy embarrados.
Animales del cráter de Ngorongoro
El cráter de Ngorongoro es el único lugar de Tanzania (y de África) donde se pueden ver los «Big Five» (elefante, rinoceronte, león, búfalo y leopardo) juntos. En contrapartida, no hay jirafas, impalas, damaliscos ni guepardos. El número de grandes mamíferos ronda los 20.000 o 25.000 ejemplares.
Elefantes
En el fondo del cráter hay unos setenta, sobre todo machos. Sus colmillos de marfil, más hermosos aquí que en otras partes, son largos y armoniosos, debido a la calidad de la hierba de la que se nutren. Los machos hacen algunas excursiones fuera del cráter para aparearse con las hembras que viven en los bosques de los alrededores.
Rinocerontes
El cráter de Ngorongoro es uno de los últimos lugares de Tanzania donde viven rinocerontes negros. Rinocerontes negros: menos de 20, fuertemente vigilados tras cacerías furtivas. Aunque la población es mínima, los esfuerzos de conservación han evitado su extinción local. Desde 1965 tienen órdenes de disparar sin miramientos a los merodeadores en cuanto anochece.
Leones
En el Ngorongoro hay cinco clanes de leones, cada cual con su territorio bien delimitado. En 1962, los leones fueron diezmados por una epidemia mortal transmitida por las moscas. Se creyó que iban a desaparecer del cráter, pues solo quedaban quince. Pero hoy se reproducen con normalidad.
Búfalos
Muy numerosos. Llegaron al cráter a mediados de la década de 1970, cuando los masái y sus rebaños se marcharon.
Leopardos
Pocos, pero hay. Con suerte se pueden ver en las orillas del Munge y en los bosques de las laderas.
Otros animales
Hipopótamos, ñúes, cebras, gacelas de Thomson, gacelas de Grant, elands del Cabo, búbalos, facóqueros, avestruces y depredadores como chacales, hienas y algunos guepardos. Hay muchas especies de aves: patos, gansos, garzas, ibis, chorlitos, avutardas, grullas reales…
DESFILADEROS DE OLDUVAI
«… Se puede excavar el lecho rocoso y considerar los milenios superpuestos con cuidado como las capas de un pastel». Richard E. Leakey, Roger Lewin, Los orígenes del hombre, 1985.
Es un rincón apartado de África oriental. Al sureste del parque de Serengeti, en el límite de la zona protegida de Ngorongoro, este desfiladero semiárido (60 mm de agua anuales) y desierto forma una extraña grieta en el paisaje. Con 40 km de largo y 90 m de profundidad media, rompe repentinamente la monotonía de las estepas áridas. El nombre de este cañón desolado inspira respeto y envidia a los arqueólogos de todo el mundo. En sus paredes rocosas se han exhumado muchos fósiles de homínidos que datan de más de dos millones de años. A lo largo de los años, los descubrimientos que aquí han tenido lugar han sido tan importantes, tan esenciales para la historia, que el yacimiento ha recibido el nombre de «cuna de la humanidad» (cradle of mankind).
PARQUE NACIONAL DE SERENGETI
«Desde la noche de los tiempos, solo el pueblo de los animales nacía, vivía, cazaba, se apareaba y moría en esta sabana». Joseph Kessel, El león.
Este parque tanzano tiene un nombre muy apropiado. En efecto, Serengeti significa «tierra árida y pelada» en lengua masái. No cabe duda de que es uno de los parques más grandes y suntuosos de África. Ocho veces mayor que la vecina reserva de Masái-Mara (Kenia), menor que la reserva de Selous (sur de Tanzania), pero más extenso que Líbano, el Parque Nacional de Serengeti (14.763 km²) ocupa la misma superficie que la provincia de Teruel. Es un digno representante de la Naturaleza africana, con mayúscula, lo que se ha dado en llamar un auténtico santuario (aunque santuario sea una palabra macabra) de la vida salvaje, uno de los últimos paraísos naturales del planeta. Aquí viven, crecen y se mueven con plena libertad infinidad de animales de todas las especies, en paisajes dignos del primer día de la creación. Nos transporta a los orígenes del mundo, al arca de Noé, al Génesis.
Estamos en el corazón de las inmensas sabanas de África oriental, entre 1.000 y 2.000 m de altitud. Hace calor, pero no es sofocante. Se suele entrar en el parque por la puerta Naabi Hill (Naabi Hill Gate), en el sureste. A medida que se sube hacia el norte los paisajes cambian, prueba de la diversidad del ecosistema del Serengeti. A la entrada del parque, se extiende una inmensa sabana de hierba alta, una llanura interminable, sin árboles, donde aparecen, desperdigados como islotes, unos curiosos montones de roca granítica llamados kopjes (se pronuncia «kópits»). Alrededor del Seronera Lodge crece la sabana con acacias, más verde. El norte es muy ondulado, con colinas. Por último, un enorme triángulo silvestre, llamado pasillo occidental (Western Corridor) se extiende hasta la orilla del lago Victoria. En el parque de Serengeti no hay tantos refugios como en el vecino Masái-Mara. Desde 1996, se prohíbe construir nuevos refugios por diez años (prórroga renovada para limitar el turismo masivo). Hoy se prioriza el ecoturismo sostenible.
Consejos de sabiduría animal
¡Bienvenidos al reino de los animales! Aquí el viajero es un observador, nada más que un extraño que va de paso, un visitante, casi un intruso. Acostumbrados a los hombres, confiados pero cautelosos, se diría que «nuestros amigos los animales» se acuerdan de todo. En algún recoveco de la memoria del reino animal persiste el recuerdo de los sufrimientos infligidos, durante muchos años, por bandas enloquecidas de cazadores y furtivos sin escrúpulos. Aquí podréis ver, oír y admirar los animales, auténticos, puros, con toda su cándida inocencia. No los molestéis. Os reflejarán vuestra propia imagen, animal y humana a la vez.
De La Fontaine a Walt Disney, de los peluches infantiles a los signos del horóscopo, los animales siempre han sido una fuente inagotable de inspiración. Y no hemos acabado de aprender de ellos. ¿Es esa su misión? Sea como fuere, este trozo de Tanzania nos brinda una ocasión inapreciable de observación y aprendizaje. El Serengeti es un inmenso bestiario escrito en el libro de las hierbas silvestres de África.
«África es algo parecido a un paraíso perdido.» ¿Por qué? Porque a fin de cuentas, tras una atenta observación del reino animal, un invisible hilo conductor nos remite siempre a la vida de los seres humanos, a los grandes principios por los que nos regíamos (y aún nos regimos) antes de la irrupción de la conciencia en el cerebro del Homo habilis, nuestro antepasado. El sentido del territorio, el deseo de libertad, el instinto de supervivencia, el espíritu familiar, la vida sedentaria y nómada, la solidaridad contra el enemigo, la protección de las crías y el clan, ninguna de estas características de la vida animal nos son ajenas.
Igual que los hombres, estos animales salvajes dedican parte de su tiempo a espiarse, a acecharse, a comerse unos a otros. Nunca por maldad, o por el placer de hacer daño, simplemente por instinto vital y de supervivencia. No se trata de sensiblería ni romanticismo, sino del más puro y auténtico realismo, que se presenta ante nosotros en todos los momentos del día y la noche. Corresponde a cada cual descifrar el enigma del Serengeti y el funcionamiento secreto de este mundo salvaje. La ley de la sabana no cambia y es igual de implacable que la de la selva: el más fuerte acaba con el más débil. En el reino animal hay tanta armonía como injusticia, desigualdad, violencia e incluso crueldad. Si el viajero quiere aprender una lección, sin duda es esta. Dejadles vivir, con o sin hombres. Mejor aún: bajo la protección y con la complicidad de los hombres. La naturaleza salvaje tiene sus propias reglas, sus luces y sombras, sus aspectos maravillosos y terribles. Por eso es naturaleza. Para entender el Serengeti (y la vida salvaje) no debemos aplicar sin más las leyes del Bien y el Mal a los animales; hay que dejar estos valores humanos universales a la entrada del parque. En este mundo salvaje debemos observarlo todo y meditar seriamente sobre ello. Detrás del hombre hallaréis al animal, detrás del Animal hallaréis al hombre.
Decía Joseph Conrad que el mar es el espejo del alma humana. ¿Y si la sabana africana fuera el espejo más fiel del alma animal?