Hoy te damos nuestra opinión personal de qué cosas hay que ver en Tenerife Sur. Esta vez, aunque la isla pueda recorrerse cómodamente por la autovía, te recomendamos tomar la carretera vieja, que discurre más al interior alejada del litoral, permite un trayecto más pausado y entretenido, mucho más recomendable para conocer este sector de Tenerife. Estas vías sinuosas y menos transitadas, especialmente en tramos como el de Fasnia a Arico, aumentan el riesgo de imprevistos en la conducción por lo que te recomendamos viajar seguro.
Índice
Qué ver de Santa Cruz a Güímar
Saliendo de Santa Cruz de Tenerife por la carretera debe atravesarse el barrio industrial de Taco, desde donde puede tomarse el desvío que lleva hasta el barrio de Geneto para contemplar su famoso drago centenario. Desde Taco continúa la carretera hacia Barranco Grande, zona de viejos molinos de viento que eran usados para la elaboración del gofio, aunque actualmente están abandonados. Más adelante aparece El Chorrillo, con su pintoresca iglesia de San Isidro Labrador. Pasado el cruce de Barranco Hondo y salvado el declive de la Cuesta de Tablas, desde donde se obtiene una buena panorámica de Igueste, se llega enseguida a Candelaria. Allí se encuentra la famosa basílica de Nuestra Señora de la Candelaria.
Candelaria
A lo largo de centurias, este pueblo costero alcanzó gran relevancia al convertirse en lugar de visitas religiosas y procesiones para la gente de Canarias. De hecho, la Virgen de Candelaria es la guardiana principal de Tenerife desde 1914, año en que se le asignó una figura similar a cada zona geográfica con el fin de suavizar disputas molestas. El recinto sagrado, la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria, fue creado por el célebre arquitecto insular Marrero Regalado. Está levantada sobre una base de piedras, con un diseño vanguardista que incorpora elementos culturales de la región, y fue consagrada el primer día de febrero de 1959. Frente a su portada se halla la fuente de Las Peregrinas, con un gran mosaico hecho de piedras de diversos colores procedentes de varios puntos de la isla. Sobre ella, el monumental balcón del Ayuntamiento, otrora Casa del Cabildo.
En realidad, la villa de Candelaria se compone de un conjunto artístico monumental, pueblo-plaza-templo, realizado armónicamente con materiales isleños. En el espacio central, llama la atención el grupo de nueve figuras esculpidas en piedra volcánica rojiza, que representan a los jefes aborígenes de Tenerife que controlaban la zona durante el periodo de la colonización: Beneharo (Anaga), Tegueste (Tegueste), Acaymo (Tacoronte), Añaterve (Güímar), Adjoña (Abona), Pelinor (Adeje), Roruen (Daute), Pelicar (Icod), Bencomo (Taoro) y Zebenizuí, del señorío de Punta Hidalgo, nombres que en los últimos años, y siguiendo esa artificiosa vocación nacionalista, han sido la inspiración de muchos padres canarios a la hora de bautizar a sus retoños. Al fondo de la plaza, en la zona de la playa, encontraremos la cueva de Achbinico o de San Blas, que fue el primer templo que tuvo la isla y en el que se veneraba a la patrona.
La Morenita
En la basílica podemos contemplar la imagen de la Morenita, como es conocida la Virgen entre los canarios: “La Virgen, la más morena, la morenita”, como reza la popular canción del folclore isleño. Fue tallada por el escultor Fernando Estévez después de que el aluvión de 1826 destruyó la antigua edificación. Quedan, sin embargo, elementos importantes de aquellos primeros días de la colonización, tal es la pila bautismal donde se cristianizó a los primeros guanches, hoy colocada en la cueva de Achbinico. Por último, decir que este santuario posee un rico tesoro, así como una enorme cantidad de exvotos ofrecidos a la Virgen durante siglos, procedentes de todos los rincones del archipiélago y otras partes del mundo, especialmente de Hispanoamérica, donde también goza de muchos devotos.
Güímar
l dejar atrás Candelaria, la carretera se aleja de la costa para llegar a Güímar. Allí puede visitarse la iglesia de San Pedro Apóstol (siglo XVIII), en cuyo interior destacan una talla de la Virgen de la Candelaria del siglo XVII y algunos valiosos trabajos de imaginería y de orfebrería. También resulta agradable un paseo por la recoleta plaza del Ayuntamiento, presidida por el propio edificio consistorial, antaño convento de Santo Domingo Soriano. Desde Güímar baja una carretera hacia el mar, hasta el cobijado Puertito de Güímar.
El litoral de Güímar es rocoso y con pocas playas, aunque puede disfrutarse de los arenales del Puertito, El Socorro o El Tablado. En un amplio sector de este litoral se extiende el Malpaís de Güímar, más de 300 ha de Reserva Natural Especial con un paisaje volcánico en el que se desarrollan cerca de 50 especies endémicas de gran valor, además de excelentes muestras de cardones y tabaibas. En el centro se alza el perfecto cono volcánico de la Montaña Grande.
Fasnia
De nuevo en la carretera hacia el sur, poco después de Güímar se abre el mirador de don Martín, un punto perfecto para contemplar la singular panorámica que ofrece el valle de Güímar. Hay que dejar atrás algunos minúsculos y pintorescos caseríos, como La Medida, Lomo de Mena o El Escabonal, antes de llegar a la villa de Fasnia. Esta población conserva atractivas viviendas tradicionales, aunque es en algunos caseríos de su entorno donde pueden conocerse los mejores ejemplos de arquitectura popular (en La Zarza, Sabina Alta o Fuente Nueva).
También en los alrededores de la población, en los barrancos de Herques y los Muertos, se conservan interesantes yacimientos arqueológicos, que recuerdan la intensa presencia de los guanches en esta parte de la isla hasta bien entrado el siglo XVI. En el litoral de Fasnia puede conocerse el acantilado de Hondura, declarado Sitio de Interés Científico, que concentra numerosa flora y fauna endémicas en un breve espacio geográfico. El fondeadero de Fasnia o de Los Roques es un pequeño núcleo marino enmarcado por dos singulares formaciones rocosas: el roque de dentro y el roque de Fuera; junto a un primero se extienden las amplias playas de Los Roques y del Abrigo.
Arico
De Fasnia a Arico se presenta un largo tramo de carretera, extremadamente sinuoso, pero que muestra a su vez unos paisajes espectaculares. Poco antes de llegar comienzan a verse junto a la carretera numerosas cuevas que se utilizan para guardar las papas (las de aquí tienen gran fama) o como bodegas.
El municipio de Arico, el segundo mayor de la isla, comprende en realidad varios núcleos de población dispersos: el más antiguo, desarrollado entre los siglos XVI y XVIII, es Lomo de Arico; a finales del XVII aparecen los núcleos de El Río, Arico y Arico el Viejo, y ya en el siglo XVIII nace Arico el Nuevo, que conserva casonas de cierto empaque, testimonio de la pujanza que alcanzó el caserío. Todas ellas, sin embargo, son poblaciones de ambiente rural, con una arquitectura sencilla de estilo tradicional. Quizás el más bello sea Icor, con casas de auténtico sabor tinerfeño muy bien conservadas.
En Arico puede visitarse la iglesia de San Juan Bautista (siglo XVII), con vistosa portada barroca y una curiosa torre de inspiración portuguesa. Desde Lomo de Arico y Arico el Viejo parten sendas carreteras que desciende hacia la costa, hasta el viejo núcleo marinero de Poris de Abona; allí puede disfrutarse de la Playa Grande y El Caletón, dos agradables arenales.
Granadilla de Abona
Otro largo trayecto lleva de Arico a Granadilla de Abona. Antes se pasará por El Río, instalado junto a un amplio barranco en el que se cultivan grandes extensiones de cítricos, y por Chimiche, un pequeño caserío con fama de preparar los mejores asados de pernil de cabra o “machorra”. Granadilla de Abona conserva un casco urbano de marcado sabor tradicional, en el que destacan la iglesia de San Antonio (siglo XVIII) y el antiguo convento de franciscanos
Pero su mayor interés radica en los alrededores: el Paisaje Lunar de Granadilla de Abona, sorprendente paisaje volcánico que se ha convertido en uno de los más emblemáticos de Tenerife, la Montaña Roja, curioso cono volcánico que se adentra en el océano, la playa de El Médano, una de las mejores de Tenerife, o la abrigada playa nudista de La Tejita. Entre los paisajes vinícolas que alimentan la producción de la Denominación de Origen Abona, se llega hasta San Miguel, una población de pintoresca estampa organizada alrededor de su iglesia parroquial (siglo XVIII).
Las Playas de las Américas y Los Cristianos
La carretera prosigue en dirección a la costa, ya hacia el litoral suroccidental de la isla, descendiendo a través del valle de San Lorenzo o de Abona. Unos dos kilómetros después de San Miguel aparece el mirador de la Centinela, que permite espectaculares vistas sobre el sur insular. Aquí te dejamos un enlace para que sepas qué ver al norte de Tenerife.
A los pies del mirador se halla el típico caserío de Aldea Blanca, cuya rural estampa contrasta enormemente con el urbanismo turístico de la costa. Ya en el litoral, la carretera culmina frente a las inmensas y famosas concentraciones turísticas de Playa de las Américas y Los Cristianos, que hasta mediados del siglo XX eran tan solo unos modestos núcleos de pescadores y hoy son paradigma del turismo de masas en el archipiélago. En la Playa de los Cristianos se pueden contratar visitas donde ver ballenas en Tenerife.
Las largas playas de arena dorada que se extienden aquí tienen a sus espaldas un continuo urbano que une los núcleos de La Caleta, Torviscas Bajo, Costa Adeje, Playa de las Américas y Los Cristianos, entre los municipios de Adeje y Arona. Es una concentración de servicios, comercio y ocio que hace que aquí sea casi imposible aburrirse, un bullicio constante que contrasta con la atmósfera tradicional y tranquila de las dos capitales municipales, emplazadas en el interior. Desde el pequeño puerto de Los Cristianos parten los barcos hacia la isla de La Gomera. Muy cerca de la playa de las Américas se halla el fascinante edificio Magma Arte y Congresos, una construcción vanguardista de impactante y seductora factura, sin duda uno de los principales hitos arquitectónicos de Canarias en los últimos tiempos.
Adeje
Aunque el turismo se concentra en su fachada litoral, vale la pena adentrarse a conocer el núcleo de Adeje, que entre sus desordenadas calles esconde interesantes muestras de arquitectura popular, civil y religiosa. Pueden destacarse, por ejemplo, la casa Fuerte del siglo XVI y la iglesia de Santa Úrsula, en cuyo interior se conservan los valiosos tapices de los Talleres Reales de los Gobelinos de París (siglo XVII) y un bellísimo artesonado mudéjar en la capilla mayor, además de otras importantes obras pictóricas, un retablo barroco y una talla del siglo XVI de la Virgen de la Candelaria. También son reseñables los artesonados mudéjares del convento de Nuestra Señora de Guadalupe (siglo XVII) y la colección de piezas religiosas del Museo de Arte Sacro, habilitado en la iglesia del mismo convento.

Próximo a Adeje se halla uno de los paisajes más singulares de la isla: el barranco del Infierno, la sima más profunda de todo el archipiélago. Una recomendable excursión a pie, que parte desde el mismo núcleo urbano, permite adentrarse en esta Reserva Natural. Su angostura, que dificulta la entrada de la luz solar, ha creado unas condiciones de humedad que lo convierten en un tupido mural verde, de gran riqueza botánica y fáunica, y con parajes impresionantes. Desde Adeje una carretera va a buscar el litoral para seguirlo hacia el norte. En este tramo aparecen algunas playas algo más tranquilas, como playa de San Juan o playa de la Barrera. El recorrido termina en Puerto de Santiago. Aquí puedes visitar el acantilado de los Gigantes, la pared volcánica más impresionante de España y posiblemente de la Unión Europea, con 100 metros de alto.








