Shanghai es completamente diferente al resto de grandes ciudades chinas: carente de palacios imperiales, grandes templos, jardines monumentales o tumbas de antiguos emperadores, nunca fue más que una pequeña ciudad de provincias en el delta del río Yangtzé, que no se convirtió en gran metrópoli hasta mediados del siglo XIX. En sus calles, los imponentes edificios del siglo XIX de influencia europea coexisten con los intrincados barrios chinos. A su vez, el rápido crecimiento del presente se manifiesta en el vertiginoso surgimiento de rascacielos a su alrededor. Se ha convertido en un referente de la modernidad en China, por lo que es fundamental visitarla para entender la profunda transformación que vive el país.
Índice
Oficinas de Turismo
Como en el resto de China, las oficinas de turismo no son de mucha utilidad; es mejor comprar un mapa de la ciudad en inglés en cualquier quiosco. En Shanghai hay una Oficina de Turismo en cada distrito, algunas tienen folletos y mapas gratuitos en inglés, aunque puede que los empleados solo hablen chino. En todo caso, algunas de las más útiles son:
- En el barrio de Xintiandi, en Xingye Lu, frente a la sede del primer congreso del Partido Comunista Chino.
- En la zona de Nanjing, 561 Nanjing Lu.
- En el barrio de Jingan, 1699 Nanjing Xi Lu.
- En la Ciudad Vieja, 159 Yu Bazaar.
Correos e Internet
Hay oficinas de Correos en cada distrito. La oficina central de Correos está en el distrito de Hongkou, un poco alejada del centro: 276 Suzhou Bei Lu, en la intersección con Sichuan Bei Lu (abierto de 7 h a 22 h). Para los que deseen conectarse a Internet, la mejor opción sigue siendo dirigirse a un albergue juvenil o estar atento mientras se pasea por la ciudad, intentando encontrar alguno de los cibercafés que se abren y cierran a un ritmo vertiginoso. Algunos hoteles y cafeterías ofrecen Wi-Fi gratuito, aunque en ocasiones puede estar restringido por el Great Firewall.
Transportes
Desde/Al Aeropuerto
Shanghai cuenta con dos aeropuertos principales:
- El Aeropuerto de Pudong, el más nuevo y moderno, situado a 40 km al sur de la ciudad. Aquí aterrizan y despegan todos los vuelos internacionales y algunos domésticos.
- El Aeropuerto de Hongqiao, ubicado al oeste de la ciudad, a 13 km del centro, donde operan principalmente vuelos domésticos y algunos internacionales de compañías de bajo coste.
Para ir al centro desde Pudong, la opción más rápida es el Maglev (tren de levitación magnética), que conecta con la estación de Longyang en apenas 8 minutos. El precio es de 50 CNY si se toma el tren turístico (con paradas panorámicas) o 40 CNY si se toma el tren normal. También hay autobuses (línea 1, 16 CNY), taxis (80–100 CNY) y metro (línea 2, 5 CNY). Desde Hongqiao, se puede tomar el metro (línea 2, 4 CNY), autobuses (línea 1, 15 CNY) o taxi (25–35 CNY).
Un Poco de Historia
Aunque los orígenes de Shanghai se pierdan en los anales de la historia china, la ciudad no fue nada más que un pueblo pesquero a orillas del Huangpu hasta el fin de la Primera Guerra del Opio en 1843, que acabó con la derrota de China a manos británicas. El Tratado de Nanjing estipulaba que el emperador, además de ceder Hong Kong, abría cinco puertos a los extranjeros, uno de los cuales fue Shanghai. Los primeros en llegar fueron los británicos, y posteriormente los franceses y americanos en 1846.
La ciudad se dividió en concesiones, y los occidentales transformaron aquel decadente pueblo en el principal puerto y plaza financiera de Asia. Casinos, casas de juego, negocios, prostitutas, fumaderos de opio, gánsteres… todo tenía cabida en Shanghai, una ciudad para aventureros con ganas de enriquecerse, donde las fortunas se hacían y se perdían en minutos, pero donde también se hacía más patente el colonialismo de los países occidentales y la total ausencia de poder de las autoridades chinas. Con la llegada de los japoneses en 1895, que también obtuvieron su concesión, la ciudad inició su particular revolución industrial, que sería el caldo de cultivo para las nuevas corrientes de pensamiento, como las que darían origen al Partido Comunista Chino, cuya primera reunión fue celebrada en Shanghai.
Tras el fin de la dinastía Qing, y a pesar de que China estaba bajo el caos, Shanghai continuó su particular enriquecimiento, que incluso se aceleró con la toma de poder del Kuomintang. Pero los días dorados de Shanghai llegaban a su fin, y en 1941 las tropas japonesas ocuparon la ciudad, se hicieron con el poder de las concesiones internacionales y Shanghai se convirtió en una ciudad en guerra.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el Kuomintang tomó el poder de nuevo, y la ciudad pareció renacer, pero con la llegada de los comunistas en 1949 el periodo dorado de Shanghai terminó, y la que había sido «la Puta de Oriente» se convirtió en la ciudad más «roja» y virtuosa de China. A finales de la década de los ochenta, Shanghai era una ciudad gris, superpoblada y decadente, una mera sombra de su pasado. Todo cambió en 1990 cuando se creó la zona económica de Pudong para impulsar la ciudad, abriéndola a las empresas extranjeras, que en pocos años la han convertido en la primera ciudad comercial y financiera de China, el primer puerto en volumen a nivel mundial, y muy probablemente en los próximos años en la gran capital económica de Asia.
El Bund, Pudong y Hongkou
El Bund
El Bund es la avenida más inconfundible de la ciudad, donde una veintena de grandes edificaciones de los más variados estilos europeos levantadas frente al río Huangpu muestran el que fuera el corazón comercial y financiero de la ciudad, y de gran parte de Asia. Pero si el Bund es el pasado de Shanghai, Pudong es el presente y el futuro de la ciudad: al otro lado del río Huangpu, se alzan decenas de rascacielos que simbolizan la recuperación de su poderío económico, y conforman el lugar perfecto para tomar el pulso de la nueva China.
Finalmente, Hongkou, la que fuera la concesión americana al otro lado del Suzhou Creek, es una zona también fascinante de Shanghai que permanece injustamente olvidada por gran parte de los visitantes.
Transportes
Metro
Para ir al Bund, la parada de metro más cercana es Nanjing Road East, en la línea 2, cuya entrada está en Nanjing Lu. Para ir a Pudong, la parada de metro es Lujiazui, también en la línea 2, que deja junto a la inconcebible torre Perla de Oriente. La parada Shanghai Science and Technology Museum deja en el museo del mismo nombre y el parque del Siglo.
Para ir a Hongkou, se puede bajar en Nanjing Road East y cruzar el Suzhou Creek a pie, y para llegar a la calle Duolun, la parada Dongbaoxing de la línea 3 es la adecuada.
Visita
El Bund o la calle Zhongshan Dongyi Lu es una gran avenida abarrotada de coches a todas horas, donde solo hay dos puntos para cruzar por un paso subterráneo: uno en Nanjing Lu y el otro cerca de Yanan Dong Lu. Al otro lado de la calle hay un magnífico paseo desde donde contemplar las vistas de Pudong y los edificios del Bund en toda su plenitud.
Pudong es ahora sede de decenas de rascacielos y hoteles de lujo, y aunque sea tan sólo por las vistas que se contemplan desde la torre Perla de Oriente y la torre Jinmao, hace que merezca la pena cruzar el río. Para llegar a Hongkou, hay que cruzar por el puente de Waibaidu, y visitar los antiguos hoteles del siglo XX como las Shanghai Mansions y el Astor House, y el antiguo asentamiento judío. Para llegar a la atmosférica calle Duolun, será mejor coger el metro, pues se encuentra algo alejada hacia el norte.
El Bund: Un Testimonio del Pasado
Para comprender el Shanghai de principios del siglo XX, es imprescindible una visita al Bund, la avenida de 1 km de largo donde aún se levantan los grandes edificios que antiguamente albergaron las entidades financieras y los clubs occidentales más prestigiosos de la ciudad, convirtiendo esta avenida en el centro económico de Asia. Bund (Waitan) es una palabra importada por los primeros ingleses que recalaron en Shanghai, que proviene del hindi y significa embarcadero, aunque aquí no había nada más que una tierra pantanosa cuando llegaron. No fue hasta la década de 1880 cuando el gobierno municipal decidió hacer una explanada y empezar a construir los edificios que aún hoy se pueden contemplar. Los estilos arquitectónicos van desde el neoclásico hasta el modernismo, y no se escatimó en gastos pues casi todos los materiales fueron traídos desde el extranjero: mármol de Carrara, granito de Japón, mobiliario de Inglaterra…
Después de la llegada de los comunistas en 1949, el gobierno expropió los edificios y los reutilizó de diferentes maneras o se quedaron vacíos. Desgraciadamente, algunos perdieron su decoración interior durante la Revolución Cultural, cuando fueron saqueados y destruidos sin piedad por los Guardias Rojos. Actualmente están declarados patrimonio nacional y la mayoría han sido restaurados. Algunos se han convertido en los centros comerciales más exclusivos de Shanghai, con las más prestigiosas marcas occidentales, y los restaurantes más chic de la ciudad.
El Bund incluye el tramo de Zhongshan Dongyi Lu desde Yanan Dong Lu hasta el Suzhou Creek, y hay varios edificios que vale la pena resaltar por su historia o interés.
- En el número 2, el Shanghai Club (1911), que hoy permanece vacío, era donde se reunía toda la jet-set inglesa de la ciudad; solo los hombres que pertenecían a tan selecto club podían cruzar sus puertas para tomar un té o charlar con sus compatriotas.
- El número 3 albergaba la Unión de Compañías de Seguros de Guangdong (1915); hoy acoge el centro comercial Three on the Bund, donde se reparten el espacio una tienda Armani y varios restaurantes y bares selectos. Vale la pena sentarse a tomar algo en el bar New Heights, en la séptima planta, desde donde se contemplan unas maravillosas vistas del Bund.
- El número 12, Hong Kong and Shanghai Bank (1923), es sin duda alguna el edificio más impresionante del Bund, y aunque actualmente sea la sede del Pudong Development Bank, se puede entrar y contemplar la riqueza decorativa del que fue considerado el mejor edificio al este de Suez. En el techo hay una serie de delicados mosaicos que representan las plazas financieras más importantes del mundo a principios del siglo XX, entre las que obviamente se encuentra Shanghai.
- En el 13 está la Casa de Aduanas (1927), que forma el complemento perfecto con el anterior, y destaca su impresionante torre del reloj; aún hoy sigue utilizándose como aduanas y está prohibida la entrada.
- En el 16, el Banco de Taiwan (1927), está ocupado por el Banco Comercial de China, y tiene un bonito vestíbulo recubierto de mármol al que se puede echar un vistazo.
- En el 18, Chartered Bank of India (1923), cobija otro de los centros comerciales exclusivos del Bund, con algunos de los mejores bares y restaurantes de la ciudad.
- En el número 19 está el Palace Hotel (1906), hasta hace poco un anexo del Peace Hotel.
- En el número 20 es el Cathay Hotel (1929), el hotel más mítico de la antigua Shanghai y el actual Peace Hotel.
- En el número 24 acoge el Banco de Yokohama (1924). Actualmente, el Banco Comercial e Industrial de China y tiene una curiosa decoración con esculturas de guerreros japoneses.
Frente a tan sublime conjunto de edificios se extiende un paseo donde sentarse y contemplar el Bund a un lado y las espectaculares vistas de Pudong al otro. Hay que pasear por la noche, cuando los edificios se iluminan y el Bund se convierte en un estallido de color, mientras la Perla de Oriente brilla con miles de luces de colores al otro lado del Huangpu. Al final del paseo, en la parte norte, se halla el tranquilo parque de Huangpu, antaño un exclusivo lugar que se hizo famoso por no permitir la entrada ni a perros ni a chinos, aunque nunca existió un cartel que lo certificara. En su interior se encuentra el monumento a los Héroes del Pueblo, un monolito de hormigón rodeado de murales comunistas. En la parte sur del Bund, frente a Yanan Dong Lu, está la antigua torre de señales meteorológicas, que hoy está ocupada por el Museo del Bund, donde están expuestas algunas fotos del Bund de principios de siglo XX en blanco y negro.
Resulta más interesante el Atour Bar (abierto hasta las 2 h) que se encuentra en el piso superior, y cuenta con una privilegiada terraza desde donde contemplar unas inmejorables vistas del río, del Bund y Pudong, mientras se degusta una cerveza.
Otra forma de contemplar el espectáculo del Bund y Pudong es con un crucero en barco. Hay varias compañías que lo ofrecen, cuyas oficinas de venta de billetes están a lo largo del paseo del Bund. El precio del billete varía según la duración y el tipo de barco, pero un precio normal es 45 CNY por un crucero de una hora y entre 90–120 CNY por el de tres horas. Una hora es suficiente para ver las principales atracciones y los espectaculares puentes de Yangpu, Nanpu y Lupu.
Pudong: El Futuro de Shanghai
Pudong es el corazón económico de Shanghai del siglo XXI. Hace veinte años este bosque de rascacielos era un lugar de tristes almacenes y huertos, pero en apenas veinte años se ha convertido en una especie de Manhattan donde no dejan de aparecer nuevos edificios.
Una curiosa manera de llegar a Pudong desde el Bund es el túnel turístico del Bund (abierto de 8 h a 22 h; ida 35 CNY, ida/vuelta 45 CNY), donde una lanzadera acristalada recorre los casi 700 m de túnel a través de luces de colores y sonidos. A la salida del túnel se encuentra el Museo de la Cultura Sexual (abierto de 8 h a 22 h, entrada: 20 CNY), en el que se recorre la historia sexual de China y sus tradiciones.
Una vez en Pudong, lo primero que aparece a la vista del visitante es la inconfundible silueta de la Perla de Oriente (abierto de 8 h a 21.30 h, entrada a las tres esferas: 135 CNY). Esta torre de telecomunicaciones de 468 m de altura, construida en 1994, se ha convertido en el símbolo indiscutible de la ciudad, y no es de extrañar pues su diseño es atrevido, con tres bolas rosadas de diferente tamaño ensartadas en una esbelta aguja. A pesar del dinero que costó tan arriesgada construcción, las autoridades han sabido sacarle partido rápidamente promocionándola como una atracción turística y utilizando sus esferas para albergar desde restaurantes a museos. Pero los tres millones de personas que visitan la torre siguen viniendo por las espectaculares vistas sobre Shanghai. Una buena opción para disfrutar de todo lo que puede ofrecer la torre es comer o cenar en el restaurante de la segunda esfera.
En la parte inferior de la torre se encuentra el interesante Museo de Historia de Shanghai (abierto de 8 h a 21.30 h, entrada: 35 CNY), que documenta la historia de esta ciudad a través de fotografías, artefactos, modelos y pinturas. Aunque el museo merece una visita, está incompleto, puesto que buena parte del fondo no se expone por falta de espacio. Una actividad recomendable y gratuita es dar un paseo por Binjiang Dadao, el bulevar de unos 2 km de largo junto al río que ofrece unas inmejorables vistas del Bund, especialmente al anochecer, cuando las luces de los edificios se van encendiendo progresivamente. En el paseo también hay bares y restaurantes, con agradables terrazas donde sentarse al anochecer y disfrutar de la refrescante brisa nocturna.
Otro lugar para contemplar Shanghai desde las alturas es la torre Jinmao (Jinmao Dasha; abierto de 8.30 h a 21.30 h, entrada: 50 CNY). Este altísimo edificio de 420 m es el más alto de China y el cuarto del mundo por detrás de la torre Taipei de Taiwan, las Petronas de Kuala Lumpur y la torre Sears de Chicago. Su forma recuerda vagamente a la de una pagoda, sobre todo en la parte superior, y dispone de una plataforma de observación en la última planta, la 88. Se puede disfrutar de una bebida en el bar más alto del mundo: el Cloud 9 Bar (consumición mínima 120 CNY), la cafetería del Hotel Grand Hyatt en el piso 87, con unas vistas tan buenas como desde la plataforma, pero cómodamente sentado y sin multitudes. Antes hay que pasar por el espectacular vestíbulo del Grand Hyatt, el hotel a más altura del mundo, que ocupa desde la planta 56 a la 87, y cuyas habitaciones están distribuidas alrededor de un vertiginoso foso de 33 pisos en el interior del edificio. Junto a la torre Jinmao se alza el World Financial Centre, el edificio más alto del mundo en 2025, aunque ya se anuncia que será superado por una nueva torre en Dubai.
La columna vertebral de Pudong es la avenida del Siglo (Shiji Dadao), que termina en el parque del Siglo (abierto de 7 h a 18 h de marzo a noviembre, y de 7 h a 17 h de noviembre a marzo, entrada 10 CNY), una enorme superficie alrededor de un lago artificial ideal para alejarse del bullicio de la ciudad. Donde termina la avenida del Siglo también se alzan la futurística sala de conciertos Centro de Arte Oriental de Shanghai y el Museo de Ciencia y Tecnología (abierto de martes a domingo de 9 h a 19.15 h, entrada: 60 CNY), con todo tipo de atracciones interactivas y una sala de proyecciones con cine 3D y 4D, que encantará a los más pequeños y a los fanáticos de la ciencia. En los días festivos, en los alrededores del parque y el museo, hay decenas de ciudadanos haciendo volar cometas, uno de los pasatiempos que más gustan a los chinos.
Las Concesiones
Tras la llegada de los occidentales, la ciudad se dividió en cuatro partes: la Concesión Inglesa entre el Bund y la plaza del Pueblo, la Concesión Francesa a lo largo de la actual avenida Huaihai, la Concesión Americana en Hongkou, y finalmente la ciudad china. En 1863, americanos e ingleses decidieron fundar la Concesión Internacional, pero los franceses rechazaron la propuesta, prefiriendo seguir con el control de su propio territorio bajo la autoridad de un cónsul. La concesión internacional pasó a ser gobernada por el consejo municipal de Shanghai, formado por poderosos terratenientes americanos y británicos. A pesar de que tan solo se estipuló que se trataba de territorios en los que los extranjeros podían establecerse, las concesiones eran de hecho como pequeñas colonias, donde los extranjeros hacían y deshacían a su antojo, y todo se regía por las leyes francesas o británicas según fuera la concesión. Así, Shanghai se convirtió en un nido de gánsteres y criminales de toda ralea porque había poca o nula colaboración entre la policía china, francesa y británica, y los criminales tan solo tenían que cambiar de concesión para sentirse seguros. En el interior de las concesiones, la mayoría de la población era china, y los extranjeros eran una minoría. Por ejemplo, en la Concesión Francesa, solo había alrededor de 10.000 franceses, 30.000 rusos, la mayoría exiliados e inmigrantes que habían escapado de la Revolución Rusa, y el 90 por ciento restante eran chinos. El tiempo de las concesiones acabó con la conquista japonesa de Shanghai en 1941, pero parte de la herencia arquitectónica de aquellos años se ha conservado, como en el Bund o en las villas señoriales de la Concesión Francesa.
Cathay Hotel: Un Símbolo de Época
El Cathay Hotel, actual Peace Hotel, es el hotel más legendario de Shanghai. Fue construido por un rico judío de una familia de Bagdad, Victor Sassoon, que amasó una gran fortuna con el comercio del opio y llegó a Shanghai para invertir en inmuebles. Desde que abrió sus puertas en 1929, el Cathay se convirtió en el punto de encuentro en Shanghai por excelencia, no solo para los huéspedes famosos como Charles Chaplin o Douglas Fairbanks, sino también para la alta sociedad de Shanghai que acudía en masa a las famosas fiestas de Victor Sassoon. Desgraciadamente, el periodo dorado del hotel duró poco, pues primero la ocupación japonesa de 1941, y posteriormente la victoria del comunismo en China, llevaron al ocaso tanto al hotel como a la ciudad. Tras la entrada de las tropas comunistas, el hotel fue utilizado para hospedar a las delegaciones oficiales del bloque comunista, y posteriormente se abrió al turismo como el Peace Hotel. Aunque sea una sombra de lo que fue, nunca ha dejado de ser un hotel mítico en el que sus paredes rezuman historia. Desgraciadamente para los que quieran hospedarse en él, cerró sus puertas en abril de 2007 para someterse a una profunda restauración, y volvió a abrir en 2010, a tiempo para la Exposición Universal de Shanghai, convertido en un hotel de súper lujo, acorde con su historia. En 2025, sigue siendo uno de los hoteles más emblemáticos de la ciudad, con servicio cinco estrellas y una clientela internacional.
Hongkou: La Concesión Olvidada
Al norte del Suzhou Creek se encuentra el barrio de Hongkou, la antigua concesión americana y japonesa, que a pesar de su corta historia, pues anteriormente a la llegada de los americanos en 1853 estaba deshabitada, tiene algunos lugares de interés que merece la pena visitar.
Nada más cruzar el Suzhou Creek, llamado así porque los primeros occidentales que llegaron a Shanghai creían erróneamente que siguiendo el arroyo se podía llegar a la ciudad de Suzhou, y cuyo nombre real es Wusong, se alzan algunos famosos hoteles de principios de siglo. El primero a la izquierda es el Shanghai Mansions, el antiguo Broadway Mansions, y el que se encuentra a mano derecha es el Astor House, antiguamente uno de los mejores hoteles de Asia, y al que vale la pena entrar para ver el antiguo vestíbulo.
También en la misma zona se encuentra el Consulado Ruso, un atractivo edificio construido en 1917 que aún continúa siendo usado para la misma función. Más al norte, cerca de la parada de metro Dongbaoxing Road, hay una de las calles más auténticas de la ciudad: Duolun Lu. A pesar de que las autoridades la hayan designado como «calle cultural» por haber sido hogar de algunos escritores famosos de los años treinta como Lu Xun o Mao Dun, se ha conseguido un destacado equilibrio entre el turismo y la autenticidad. Viniendo desde el metro, a través de un colmado de casas antiguas con puestos de comida callejeros, se llega al lugar donde Duolun Lu se curva; en la esquina hay uno de los cafés más bonitos de Shanghai, el Old Film Coffee (abierto de 10 h a 1 h), dedicado al cine clásico y que tiene un delicioso porche donde hay distribuidas unas mesas, ideales para sentarse a tomar un aromático café a la sombra de los árboles. Además, la calle acoge un mercado de libros, antigüedades y recuerdos varios. La tienda del número 181 merece una visita especial, pues es como un baúl de los recuerdos a lo grande, con todo tipo de antigüedades del siglo XX, y recuerdos de la China maoísta: litografías, pósters, cajas de galletas metálicas, gramófonos… todo amontonado aparentemente sin orden ni concierto.
A mitad de la calle está la iglesia de Hong-de Tang, construida en 1928, que sería imposible de reconocer si no fuera por la gran cruz roja colgada sobre la entrada, pues posee el estilo característico de un templo chino, e incluso dos leones protegen la puerta de entrada. Al final de la calle se alza un disonante edificio en forma de cubo negro, que no es otro que el Museo Duolun de Arte Moderno (abierto de 9 h a 17 h, entrada: 10 CNY), más conocido simplemente por Doland, que tiene algunas de las exposiciones de arte moderno más interesantes de Shanghai.
Judíos en Shanghai
Los primeros judíos en llegar a Shanghai fueron sefardíes procedentes de Bombay y Bagdad, hacia el año 1848. Eran hombres de negocios, algunos de los cuales crearon verdaderos imperios financieros en la ciudad, como los Sassoon o K. A. Hardoon. La segunda hornada de judíos llegó de Rusia hacia 1918, huyendo de la revolución y de los ataques a sus propiedades. Eran gente pobre, muy diferente a los ricos y poderosos judíos sefardíes llegados antes que ellos. La tercera y última oleada empezó a llegar en 1938, y eran judíos que escapaban de Europa, principalmente de Alemania y Austria, a los que se unieron posteriormente los que escapaban de Polonia, Checoslovaquia… Cuando los japoneses conquistaron la ciudad en 1941, Alemania instó a su aliado a que colaborara en la erradicación de la raza judía, pero Japón se limitó a internar solamente a la población judía que eran ciudadanos de los países enemigos; a los refugiados de Alemania, Austria o Polonia, se los instaló en un gueto en Hongkou; y a los judíos de Bagdad se les dejó continuar con su vida anterior. Al final de la guerra se calcula que había 25.000 judíos en Shanghai, pero la mayoría emigraron después de la entrada de las tropas comunistas en dirección a Israel, Estados Unidos, Hong Kong y Australia. En la zona alrededor de la calle Huoshan Lu se concentraba gran parte de la población judía rusa y allí se creó el gueto durante la Segunda Guerra Mundial. Aún quedan muchas de aquellas casas de ladrillo con pequeños jardines que constituyeron su hogar durante la guerra. El principal testimonio de la presencia judía es la Sinagoga Ohel Moshe (Moxi Huitang: 62 Changyang Lu), construida en 1927 por la comunidad askenazi y que hoy alberga un pequeño museo de los refugiados judíos con algunas fotos y libros hebreos. La otra sinagoga que queda es la Ohel Rachel (500 Shanxi Bei Lu), en el distrito de Jingan, pero permanece cerrada al público.
La Ciudad Vieja
Ajena al desenfrenado desarrollo del resto de Shanghai, como también lo estuvo durante el periodo de las concesiones, la Ciudad Vieja china continúa siendo un entramado laberíntico de callejuelas, donde miles de casas bajas se amontonan en diminutos espacios hasta crear un clima casi medieval. Se siente como en ningún otro lugar el alma tradicional china, donde las escenas de antaño se repiten en cada esquina y el viajero se siente transportado a otros tiempos. Desgraciadamente, muchas de estas centenarias zonas ya están desapareciendo frente al avance de las excavadoras y las ansias de las autoridades por crear una ciudad limpia y moderna donde lo viejo no tiene cabida.
Transportes
No hay ninguna parada de metro en la Ciudad Vieja, por lo que la mejor manera de llegar es en taxi o bajarse en el metro de Nanjing Road East en la línea 2, o Huangpi en la línea 1, e ir paseando desde allí. También se puede enlazar con una visita al Bund o a la calle Nanjing, e ir andando desde estas zonas. Una vez en la Ciudad Vieja, lo mejor es callejear sin rumbo y, cuando se esté cansado, buscar una de las grandes avenidas y coger un taxi para regresar.
Visita
La Ciudad Vieja no es muy grande y está delimitada por las amplias avenidas que se abrieron a su alrededor donde antes estaban las murallas que la rodeaban, y que fueron derribadas a principios de siglo XX. Su centro es el bazar de los Jardines Yu, y los propios jardines, todo enmarcado en una zona peatonal dedicada al turismo. Una vez se sale de esta zona, las multitudes de turistas chinos desaparecen, y es bello descubrir, sin mapas y guiándose por el instinto, las reconditas callejuelas y las coloridas esquinas. Un poco más al sur aparecen como un oasis de paz entre los bulliciosos callejones el templo de Confucio y la mezquita del Jardín de los Melocotones.
Conforme el visitante se acerca a la Ciudad Vieja aparece un panorama con centenares de apiñadas casas tradicionales cubiertas de tejas negras. Los alrededores del bazar de los Jardines Yu o bazar Yuyuan (Yuyuan Shangsha), principalmente las calles Lishui Lu, Fumin Jie y Jiujiaochang Lu, son un compendio de antiguas casas restauradas, y nuevas construcciones de estilo antiguo donde se han instalado joyerías y centros comerciales.
El bazar de los Jardines Yu, delimitado por las calles Fuyou Lu por el norte, Jiujiaochang Lu por el oeste, Anren Jie por el este y Fangbang Zhong Lu por el sur, es un conjunto de callejuelas estrechas con más de 100 pequeñas tiendas de estilo tradicional. Aunque es muy divertido pasear por las callejuelas del bazar, curiosear en las tiendas y disfrutar de un ambiente chino sin tráfico, es importante tener en cuenta que esto no es un bazar tradicional, sino un lugar pensado para el turismo con todas sus ventajas e inconvenientes. A pesar del aspecto actual, el Bazar Yuyuan tiene una larga historia a sus espaldas como lo demuestran algunas tiendas que tienen más de doscientos años.
Gracias a sus dimensiones compactas, es divertido explorar y descubrir algunas de las tiendas más emblemáticas del lugar. Entre ellas se encuentra la Liyunge Shanzhuang, una tienda de abanicos que ha estado en funcionamiento desde 1880. No muy lejos, puedes visitar la Tong Hui Chun, la farmacia de medicina tradicional china más antigua de la ciudad, que data de 1783. También vale la pena ver la Wang Dalong, que desde 1748 se dedica a la venta de más de 1000 tipos de tijeras.
Además, en el centro del bazar, sobre un pequeño lago artificial, se encuentra la hermosa casa de té Huxinting. Abierta desde las 8 a.m. hasta las 10 p.m., es el sitio ideal para tomar una taza de té y disfrutar de las vistas panorámicas de todo el bazar.
A la casa de té se llega por el bello puente de los Nueve Giros, un curioso puente con zigzags, que es una recurrente treta arquitectónica utilizada en algunos puentes chinos tradicionales para que los espíritus no sean capaces de atravesarlos, ya que existe la creencia de que sólo saben ir en línea recta. Frente a la casa de té, está la puerta de entrada de los jardines Yu (Yuyuan; abierto de 8.30 h a 17 h, entrada: 40 CNY), que son la atracción principal en la Ciudad Vieja. Construidos en 1578 por orden del mandarín Pan Yun Duan en homenaje a sus padres, son una obra de arte y un perfecto ejemplo del diseño de los jardines en la época Ming. Aunque se han restaurado en diversas ocasiones, el aspecto actual de los jardines es el mismo que debieron tener cuando Pan Yun Duan disfrutaba sentado en uno de sus más de treinta pabellones, o paseaba entre lagos y riachuelos. Destaca la simbiosis entre la naturaleza y sus pabellones, con nombres tan evocativos como «pabellón para admirar cómo retozan los peces», «pabellón de la Mirada Silenciosa» o el «salón de la Ternura». Conviene evitar la visita durante el fin de semana pues hay demasiada gente.
En el recinto del bazar se encuentra uno de los templos más venerados por los habitantes de Shanghai, el templo del Dios de la Ciudad (Chenghuang Miao; abierto de 8.30 h a 16.30 h, entrada: 10 CNY). Construido en 1403, la gente sigue acudiendo aquí a quemar incienso y a rezar, en busca de consejo para solucionar sus problemas.
Si se sale por la parte sur del bazar se llega a la calle Fangbang Zhong Lu, más conocida como Shanghai Old Street, donde se han restaurado una serie de casas de dos pisos que se han convertido en tiendas de recuerdos.
En la esquina norte con Henan Nan Lu se encuentra el mercado de Fuyou, donde hay algunas tiendas de antigüedades y muchas otras de antigüedades no tan antiguas.
Más Allá del Bazar
Si se toma la calle Houjia Lu que sale de Shanghai Old Street, y se gira a la derecha por la primera calle, Wangyima Nan Nong, el viajero se interna por callejuelas intemporales donde los vecinos se sientan a la puerta de sus casas a leer el periódico, jugar a las cartas o tomar el sol. Aunque este barrio está lleno de encanto, también es triste recorrerlo, ya que a medida que se avanza por la calle se ve un tramo de casas recién destruidas que darán paso a las nuevas construcciones que lentamente avanzan hacia el corazón del barrio. Siguiendo por Daijing Lu, se llega al pabellón Daijing, que se asienta en el lugar donde estaba antiguamente la muralla de la ciudad y servía a los arqueros para disparar a los enemigos que atacaban la ciudad.
Más al sur de la Ciudad Vieja se encuentra la comunidad musulmana en Shanghai, asentada alrededor de la mezquita del Jardín de los Melocotones (Xiataoyuan; abierto de 8 h a 19 h, entrada gratuita). A pesar del evocativo nombre no hay tal jardín, pero la mezquita es un edificio bastante grande con un estilo arquitectónico a medio camino entre el arte islámico y el chino.
Por el mismo entramado de calles aparece como un oasis de paz entre el bullicio circundante el templo de Confucio (215 Wenmiao Lu; abierto de 9 h a 16 h, entrada: 10 CNY), el único que ha sobrevivido en la ciudad, a pesar de que sufrió muchos daños durante la Revolución Cultural. Es apacible pasear en su interior y sentarse junto al pabellón Kuixing, de 20 m de altura, que se levanta sobre el «estanque del Reflejo de las Nubes y el Cielo».
Si se está interesado en la herencia cristiana de Shanghai, quizá convenga dirigirse un poco más al sur, fuera de los límites de la Ciudad Vieja, y visitar la catedral Dongjiadu (175 Dongjiadu Lu), construida en 1853 por los misioneros jesuitas. Resultará familiar pues es de estilo barroco español pero con algunos toques chinos, y es especialmente interesante acudir durante la misa que se celebra cada domingo.
La mejor manera de volver desde la Ciudad Vieja a la plaza del Pueblo es tomando Yunnan Nan Lu, que sobre todo al atardecer es un festival de comida y restaurantes callejeros. Las especialidades son la cocina uygur — con suculentos pinchos de carne y un delicioso pan artesano — y los restaurantes de pescado que tienen una curiosa forma de presentar la carta: hay multitud de pequeños barriles con todo tipo de pescado y marisco, donde el cliente escoge y el camarero lo mata allí mismo. Quizá no sea agradable, pero es imposible comer pescado más fresco.
Ambiente de Día en Shanghai
Pudong
Aunque todo sea de nueva construcción y se encuentre envuelto en una atmósfera aséptica, los modernos rascacielos están siempre rodeados de un ambiente festivo, debido a la gran cantidad de turistas chinos que se acercan a contemplar el resplandeciente bando de Pudong. No paran de aparecer nuevos edificios, restaurantes y centros comerciales, en un barrio que está en continuo estado de mutación, y que aún pasarán varios años hasta que tome su forma definitiva.
La Ciudad Vieja
Es especialmente recomendable pasear por la Ciudad Vieja para ver los contrastes y los cambios a los que se ve sometida. Allí, exceptuando las cercanías del bazar de los Jardines Yu, no se encontrarán locales de renombre, ni bares, ni grandes edificios, solo la vida tradicional china en estado puro. Las calles están sucias, las casas decadentes y los puestos de comida son de dudosa calidad, pero es el lugar más auténtico de todo Shanghai.
Además, existe una Tourist Hot Line (tel. 962 020), bastante práctica, con operadores que hablan inglés y que responderán a cualquier duda sobre horarios, transporte o atracciones. Los casinos están prohibidos en China pero puedes usar online Brazino777 descargar.
El Bund
En los edificios del Bund han abierto pequeños centros comerciales de lujo y los restaurantes más reconocidos, lo que contrasta con la avenida que recorre la orilla del Huangpu donde gente de todo tipo pasea frente a los rascacielos de Pudong. Es interesante venir a diferentes horas del día, porque siempre sucede algo en el Bund. Las calles traseras son también interesantes ya que con un ambiente algo más decadente esconden pequeñas joyas de la arquitectura de principios del siglo XX.
Nanjing Donglu y la plaza del Pueblo
Mientras los centros comerciales permanecen abiertos, Nanjing Donglu está llena de vida, rodeada de un ambiente festivo sin igual: restaurantes, vendedores callejeros, millares de turistas, trenes turísticos, luces de neón… Para descansar de tanto ajetreo se puede pasear por los tranquilos parques de la plaza del Pueblo, y sentarse en uno de los locales de renombre situados en su centro o visitar alguno de sus museos.
Huaihai Zhonglu
Las tiendas algo chabacanas de Nanjing Donglu son sustituidas aquí por tiendas y centros comerciales de marcas de renombre. Todo está perfectamente cuidado, con calles arboladas y tiendas modernas, pero no por eso deja de venir todo tipo de gente, y está especialmente ajetreado por la tarde. En las calles adyacentes se puede escapar del tumulto y sentarse en alguno de los tranquilos bares que por la noche se convertirán en locales llenos de humo y alcohol.
Xintiandi
Cualquier hora es buena para visitar el barrio de Xintiandi, sea de día o de noche, pues las terrazas de bares y restaurantes son perfectas para escapar del tráfico de la ciudad. La zona de Huaihai Zhonglu al norte de Xintiandi también tiene su dosis de grandes centros comerciales y todo tipo de restaurantes.
Si se quiere escapar al ambiente algo snob de Xintiandi, solo es necesario ir un par de calles hacia el este para encontrar de nuevo la Shanghai de toda la vida.
Nanjing Xilu
Tiene una buena colección de modernos centros comerciales, oficinas, occidentales expatriados con traje y corbata, y buenos restaurantes con precios acordes a tal entorno.
Los alrededores del templo de Jingan siempre están abarrotados, especialmente Yuyuan Lu, donde hay una buena colección de restaurantes baratos, y vendedores callejeros a última hora de la tarde que ocupan las aceras, con CD, DVD, peluches, etc.