El Museo de Orsay de París, o Musée d’Orsay, alberga la mayor colección de obras impresionistas del mundo. Reúne las mejores creaciones de los artistas franceses desde la segunda mitad del siglo XIX hasta principios del siglo XX. Hablamos de obras de genios como Monet, Manet, Renoir, Van Gogh, Degas y Cézanne, muchos de los cuales solo recibieron reconocimiento tras su muerte, como en el caso de Van Gogh.

Las obras de pintura y escultura del Museo de Orsay reflejan una época única e irrepetible. Fue la última vez que la humanidad vivió sin pantallas de televisión e inventos modernos como el avión, la fotografía o la radio. Después de eso, nada ha sido igual ni volverá a serlo. Fue una etapa de grandes cambios sociales y una efervescencia creativa incomparable.
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¿Cuánto tiempo se necesita para ver las principales obras del Museo de Orsay?
Si seguís nuestro blog, sabéis que solemos dedicar un día entero a cada museo que visitamos, y en el caso de los museos importantes como el Prado, el Museo del Cairo, el Louvre, los Museos Vaticanos, el British Museum o el Museo Arqueológico de Atenas, varios días. En este artículo nos vamos a centrar solo en las obras principales del Museo de Orsay, para que vayáis a tiro hecho y podáis verlas en solo una mañana. Eso debería ser más que suficiente para el 90% de los visitantes.

Nuestra recomendación es que para visitar el Musée d’Orsay madruguéis y os centréis en visitar solo las mejores obras. No perdáis tiempo en la tienda del museo (que por cierto cierra antes que el propio museo), podéis tener en vuestra casa un recuerdo de una forma mucho más original comprando en una tienda francesa que encontramos que tiene cuadros para pintar reproducciones de obras de arte: Figured’Art, que además tienen tienda en España. Os hablaremos de ella más adelante, pero es altamente recomendable y mucho más barata que la tienda del museo. Tienen desde La Noche Estrellada de Van Gogh hasta Barcos navegando en el Sena en Rouen de Monet, pasando por obras de Camille Pissarro o Gustave Caillebotte, de quien es el cuadro de esta fotografía:

Historia del Museo de Orsay
En 1986, 47 años después de su clausura como estación central de ferrocarril, el edificio decimonónico de Víctor Laloux abrió sus puertas como Musée d’Orsay. Inicialmente lo construyó la compañía de ferrocarriles de Orléans para ser su terminal parisina, pero en los años 70 del siglo XX estuvo a punto de ser derruido. En los años 80 se hizo una remodelación integral y, desde su apertura, ha tenido un éxito arrollador, especialmente aprovechando que a pocos pasos se encuentra el Sena y el Museo del Louvre. La disposición tiene grandes espacios abiertos, en tres plantas. Allí se divide el art nouveau, y pinturas impresionistas y neoimpresionistas.

Qué se expone en el Musée d’Orsay
Las obras del Museo de Orsay continúan donde terminan históricamente las del Louvre, con obras desde 1848 hasta 1914. Su reclamo principal es la colección de arte impresionista, pero también alberga exposiciones temporales de primer nivel y conciertos en vivo. Una muestra que lleva ya varios años y que es muy probable que termine siendo permanente o recurrente es una que relata la historia de la cinematografía.
Art Nouveau
La primera obra de art nouveau que vemos es el propio edificio. El arquitecto belga Víctor Horta fue uno de los primeros en dar rienda suelta a las líneas sinuosas que le dieron a este movimiento el sobrenombre de style nouille (estilo tallarín). No exageramos al decir que solo los relojes de la fachada (que también se pueden ver desde el interior) merecen la visita.

El art nouveau, que recibe su denominación de una galería de diseño contemporáneo inaugurada en París en 1895, floreció en toda Europa hasta la I Guerra Mundial. En Viena, Otto Wagner, Koloman Moser y Josef Hoffmann también cultivaron este estilo. La Escuela de Glasgow, dirigida por el impetuoso Charles Rennie Mackintosh, forjó un diseño más rectilíneo que fue el precursor de los trabajos del famosísimo arquitecto Frank Lloyd Wright en Estados Unidos. René Lalique introdujo la estética art nouveau en la joyería y el diseño de cristal. Por su parte, Hector Guimard, discípulo de Horta, ha pasado a la posteridad por sus marquesinas del metro parisino, que realizó en esta época y que han sido copiadas, por ejemplo, en Madrid o Budapest. La biblioteca de madera tallada de Rupert Carabin (1890), con profusión de alegorías de desnudos femeninos sentados, frondas de palmeras de bronce y severos rostros barbudos, es imponente.
Escultura del Museo de Orsay
La sala central del museo impresiona con su selección variopinta y singular de esculturas, que ilustran el carácter ecléctico de mediados del siglo XIX, cuando el clasicismo del Cenotafio de los Gracci (1848-1853), de Eugène Guillaume, coexistía con el romanticismo de François Rude. Rude fue artífice del relieve del Arco de Triunfo (1836), que se conoce comúnmente como La Marsellesa. Una extraordinaria serie de bustos del satírico Honoré Daumier ilustran a los miembros del parlamento (1832), feos, fríos y vanidosos, y hay varias obras del genial Jean-Baptiste Carpeaux, vitalista pero con una muerte temprana, cuya primera escultura en bronce, Ugolino (1862), era un personaje de Dante. En 1868 realizó con Dionisia su obra maestra La danza, que desencadenó una ola de protestas por ser «un insulto a la moralidad pública», lo cual contrasta con las formas amaneradas de escultores como Alexandre Falguière e Hyppolyte Moulin.
La famosa Bailarina de catorce años (1881) de Edgar Degas se expuso en vida del artista, pero las numerosas esculturas de bronce se realizaron a partir de moldes de cera encontrados en su estudio tras su muerte. Por el contrario, las esculturas de Auguste Rodin se mantuvieron en el punto de mira y su legado sensual y poderoso lo sitúan por encima de otros escultores decimonónicos. El museo posee muchas obras suyas, entre ellas la escayola original de Balzac (1897). La talentosa compañera de Rodin, Camille Claudel, que pasó gran parte de su vida en un hospital psiquiátrico, está representada con una lúgubre alegoría de la mortalidad, Madurez (1889-1903). En los albores del siglo XX destacan las obras de Émile-Antoine Bourdelle y Aristide Maillol.
Pintura anterior a 1870
La sorprendente diversidad de estilos se enfatiza con la estrecha yuxtaposición en la planta baja de todas las pinturas anteriores a 1870, fecha crucial en la que se acuñó la denominación de impresionismo. La fuerza del color y el vigor casi expresionista de La caza del tigre (1854) de Eugène Delacroix cuelga junto al fresco clasicismo de La primavera (1820-1856) de Jean-Dominique Ingres.
Como recordatorio de los postulados academicistas que imperaron en ese siglo hasta esa fecha, domina la sala central la monumental Los romanos de la decadencia (1847) de Thomas Couture, una obra carente de inspiración al estilo de las figuras de cera. Las provocadoras Olimpia y La merienda campestre (1863), de Edouard Manet, brillan con luz propia, mientras que las pinturas de la misma época realizadas por sus amigos, Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Frédéric Bazille y Alfred Sisley, ofrecen una visión de los impresionistas antes del nacimiento del impresionismo como tal.
Obras impresionistas del Museo de Orsay
La catedral de Ruán captada a diversas horas del día (1892-1893) forma parte de las numerosas obras que se exponen de Claude Monet, el máximo exponente del movimiento impresionista. Una obra adelantada a su tiempo.
Pierre-Auguste Renoir pintó los generosos desnudos y jóvenes de El baile del Moulin de la Galette (1876) en la cumbre de su periodo impresionista. Asimismo, figuran otros artistas como Camille Pissarro, Alfred Sisley y Mary Cassatt. Edgar Degas, Paul Cézanne y Vincent Van Gogh también están presentes, aunque sus técnicas difieren de las de los impresionistas. Degas solía inclinarse por el realismo fresco, aunque estaba muy capacitado para utilizar el estilo impreciso de los impresionistas, como por ejemplo en El ajenjo (1876). A Cézanne le preocupaba más la textura que la luz, como se puede apreciar en Manzanas y naranjas (1895-1900).

Van Gogh se vio brevemente influenciado por este movimiento, pero posteriormente siguió su propio camino, que se ilustra aquí con obras de la serie del doctor Gachet.
Pinturas del Neoimpresionismo
A pesar de la calificación de neoimpresionista, la obra de Georges Seurat (que incluye El circo, de 1891) difiere bastante del movimiento anterior. Seurat, junto con Maximilien Luce y Paul Signac, pintaba con minúsculas pinceladas de color que se fundían entre sí al contemplarlas desde cierta distancia. Jane Avril bailando (1892) es sólo uno de los muchos cuadros que se exponen de Henri Toulouse-Lautrec. Los trabajos que realizó Paul Gauguin en Pont-Aven (Bretaña) cuelgan junto a otros de artistas coetáneos más jóvenes, como Émile Bernard y el grupo nabi. También hay una serie de pinturas de su periodo en Tahití. Los nabis (entre los que figura Pierre Bonnard) tendían a tratar el lienzo como una superficie plana de la que surgía una perspectiva de profundidad cuando se observaba detenidamente. Las visiones ensoñadoras de Odilon Redon son de estilo simbolista, mientras que el arte naif de Henri (Douanier) Rousseau se representa en La guerra (1894) y El encantador de serpientes (1907).
Obras naturalistas y simbolistas
Se dedican tres salas a las pinturas expuestas en los salones entre 1880 y 1900. En la Tercera República se sancionaron las obras naturalistas bastante extendidas en esta época. La figura de Caín, de Fernand Cormon tuvo una gran acogida cuando se presentó en el Salón de 1880. El gusto de Jules Bastien-Lepage se definió por la representación de escenas rurales, y en 1877 pintó Los segadores, que lo catapultó como uno de los exponentes del naturalismo. Su tratamiento de la pintura, bastante libre, estuvo influenciado por las enseñanzas de Manet y sus colegas. La visión de Los muelles de Cardiff (1894) de Lionel Walden es de un naturalismo más sombrío y genuino. El simbolismo se forjó como una reacción contra el realismo y el impresionismo y generalmente predominaron las imágenes de sueños y pensamientos. Esto propició una amplia diversidad de temas y medios de expresión. Se exhibe la imagen dulce de arpistas abstraídos, Serenidad (1899), de Henri Martin, la monumental obra La rueda de la fortuna (1883), de Edward Burne-Jones, y La escuela de Platón (1898), de Jean Delville. Una de las pinturas más evocadoras de esta sección es la lírica Noche de verano (1890), de Winslow Homer.

¿Dónde encontrar copias de obras impresionistas de autores franceses?
Como os comentábamos al principio, Figured’Art es una tienda francesa que ha ganado renombre por su exquisita selección de reproducciones de obras de arte. En su catálogo, se destacan especialmente las obras francesas de autores impresionistas, que no solo son joyas del arte, sino también representaciones vibrantes de un periodo revolucionario en la pintura. El catálogo de Figured’Art es un verdadero tesoro para los amantes del arte impresionista. Las obras de Monet, Renoir, Degas, Cézanne, Pissarro, Sisley y Morisot son icónicas, y nos transporta al siglo XIX de una manera casi tangible.
Uno de los protagonistas indiscutibles del catálogo de Figured’Art es Claude Monet. Considerado el padre del impresionismo, Monet nos regala algunas de sus piezas más emblemáticas. Entre ellas se encuentra Impresión, sol naciente, la obra que dio nombre al movimiento impresionista. Otra obra notable de Monet presente en Figured’Art es Los nenúfares. Estas series de lienzos, pintadas en su jardín de Giverny, son un testimonio de su obsesión por la luz y la naturaleza. Los nenúfares flotando en el agua reflejan su maestría en capturar la belleza efímera de la naturaleza.
Si visitáis Francia y estáis buscando qué ver en París, os pedimos encarecidamente que visitéis el Museo de Orsay. Aunque no seáis expertos en arte e incluso aunque nunca os hayan llamado la atención las artes plásticas, este es un espacio pensado para despertar los sentidos, donde por alguna razón mágica, si dedicas el tiempo suficiente a cada obra, parece que las pinceladas cobran vida, las estatuas parecen hablarte y, por un momento, estás en el París del siglo XIX.






